Correo melancólico I

miércoles, septiembre 30, 2009



Hace años que mantengo amistad con un exiliado intelectual. Un amigo que comenzó sus estudios universitarios al tiempo que yo, pero que empleó su ocio en atisbar el futuro mientras yo  me dedicaba con más interés al corpore que a la mens. Completó Derecho y Políticas a la vez. Se aplicó a los idiomas modernos, aunque era uno de los rarísimos nacidos en la segunda década del siglo XX que podía mantener una fluida conversación en latín con Eminencias e Ilustrísimas. Completó un doctorado en Heidelberg y, atosigado por lo que llamaba miopía europea, cruzó el Atlántico y se estableció en Nueva Inglaterra. No revelaré su paradero ni su nombre, pero copiaré sus correos electrónicos de vez en cuando.

"Amigo mío,  ¡qué malas noticias me llegan desde España! Y no me refiero a la crisis. Tengo este año dos alumnos españoles en uno de mis seminarios. Veintitantos años. Uno de familia muy acomodada, otro becado por una fundación marcadamente ideologizada. Su mérito es haber llegado hasta aquí, faltaba más, pero son dos verdaderos zombies intelectuales. Hablábamos ayer del concepto de Imperio en Occidente, del primero y paradigmático, del romano. No comprendieron nada, porque nada traían sabido. Ya te imaginarás: lugares comunes marxistoides y relaciones económicas de dominación. Hasta Espartaco salió a colación en clave de Lukacs y Gramsci. Hablan muy bien inglés, por eso  los locales y  unos cuantos británicos que tengo en ese curso les obsequiaron con un tragicómico silencio después de la exposición de su trabajo semanal: tan bien se hicieron entender que se impuso la 'politeness 'anglosajona, cuando habitualmente los debates son descarnados. En la próxima tutoría le espera una sorpresa de órdago. Ya te contaré.

Me sorprendió sobremanera su aversión a lo que damos en llamar 'virtus romana'. Habíamos hablado de las relaciones entre individuo, familia, gens y patria y cité el archiconocido 'Dulce et decorum pro patria mori est'. Demoledora máxima romana. Propia de una sociedad asediada y que hubo de convertir el arte militar en su medio de supervivencia, que aprendió que atacar era la mejor defensa. A costa de sangre y ruina. Roma asolada por los galos, la misma Roma que poco más de un siglo después arrebata a Cartago el dominio del mar y se apodera de los graneros mediterráneos. Virtudes romanas; instituciones romanas; Derecho romano; civilización. Patria y civilización, entonces. Pero patria romana. Familia, instituciones, ciudadanos frente a lo que ellos defendían, la de la ensoñación romántica y de los atormentados centroeuropeos del 'Sturm und Drang' y el 'Volkgeist.'  Con lo que se ha visto en Europa durante el siglo pasado, y sufrimos en algunos viejos paises del continente. Ambos tienen afectos por sus patéticos epígonos locales, reducidos hoy a las componendas mediocres de la feroz lucha por un sitio bajo el presupuesto, pero, sin embargo, tan dañinos como siempre, tan mendaces y zalameros como antes. Seductores de conciencias preparadas por años de incuria intelectual y sometimiento económico. Y al lado los maniobreros que coaligados con aquéllos, sirven a los fines de los fanáticos de los lemas: 'Blut und Boden', o  'Jaungoikoa eta lege zarra' o 'estat, poble i llengua'. Perderán al final, porque el abismo de miseria moral y sometimiento personal acaba con la víctima boqueando por evitar la asfixia, antes de la reacción final que libera al individuo. Pero por ahora y el paisaje es muy propicio, los verdugos  del individuo llevan ventaja. Pletóricos, bajo una faz apesadumbrada, se prometen poder eterno comprando el alma de sus votantes. Serán estos estudiantes los que deben comenzar la regeneración. Les hablaré de ello.

¿Sigues sin querer cruzar el charco?"

Portazgos, gabelas y millones

martes, septiembre 29, 2009


Hace mucho tiempo, en Rotterdam, mantuve una acalorada discusión con un rendido admirador de Piet Heyn y de Martens Tromp. El tugurio se llamaba Locus Publicus y debe andar por la zona de copas de los universitarios de la ciudad portuaria por excelencia. Por aquel entonces lo de las becas Erasmus era algo incipiente y a mí, desde luego, no me había alcanzado. Las razones por las que yo andaba por allí no son al caso, aunque la ocasión fue provechosa. Lo cierto es que, identificado como español, la conversación con un nativo que me había sido presentado recientemente como  héroe que empleaba su tiempo libre en evitar suicidios (que no sé si es algo para lo que haya mucho trabajo en los Paises Bajos), derivó en los consabidos tópicos. Que si el Tribunal de la Sangre (qué cesión  al Taciturno obviar siempre el nombre verdadero), que si Amberes, que si Alba, que si el Demonio negro del Sur. Mantenía el calvinista que la prosperidad de su república y la bonhomía de sus gentes se fundaba en el denodado esfuerzo de la Guerra de los Ochenta años (que así se conocen por allí a los sucesos de Flandes) por liberarse del sometimiento a los españoles y su cerrada fe católica. Establecida su premisa todo fluía sin solución de continuidad: credo sólido y verdadero, libertad de conciencia, capitalismo, curiosidad, exploraciones, acumulación de dineros y un destacado lugar bajo en el concierto de las naciones civilizadas, de las que, era consustancial a su argumentación, la bárbara España quedaba excluida, entonces y ahora, supongo que por extensión y por esa inequívoca tendencia a atribuir una improbable inmutabilidad de caracteres a las naciones y a sus gentes. Aunque el flujo y reflujo de los batidos de cebada y trigo que trasegábamos hacía sin duda pastosa nuestra dicción, le manifesté sin ambages que sí, que mucha guerra de liberación, pero que 80 años son muchos para pretender que el esfuerzo fuera unívoco y sostenido, que el comercio entre ambos estados nunca se interrumpió y que sí, que muy mal el tribunal de Tumultos y los nuevos obispados, pero que lo que de verdad sostenía el caso de las provincias rebeldes contra su legítimo Señor era la subida de impuestos. Añadí después algún comentario hiriente sobre las guerras anglo-holandesas y el siglo XVIII y la subsiguiente República Bátava, pero el tipo permaneció inconmovible en sus convicciones. Faltaría más.





A lo que voy, que les reconozco la mejor salud y ventura a las gentes que se saben sacudir el yugo de publicanos de cualquier época que andan hurgando en sus peculios indebidamente. Que en estos reinos no comerciamos con ninguna metrópoli que nos sojuzgue, pero que bien podríamos arrojar el té o cualquier otra mercadería por la borda, o por la ventana o al suelo si es menester, porque de lo contrario los espabilados que ocupan la administración del Estado, ya central, municipal o de la cosa autonómica, van a recuperar la mejor querencia por el expolio fiscal y arrojar a la mayoría a las cloacas de la economía submarina. 

Birnam Wood

sábado, septiembre 26, 2009



Blood hath been shed ere now, i' the olden time,
Ere humane statute purg'd the gentle weal;
Ay, and since too, murders have been perform'd
Too terrible for the ear: the time has been,
That, when the brains were out, the man would die,
And there an end; but now they rise again,
With twenty mortal murders on their crowns,
And push us from our stools: this is more strange
Than such a murder is.
 
 
Is Birnam Wood approaching?

Fiesta en N.Y. que paga el Erario Público

viernes, septiembre 25, 2009






¿Halloween en septiembre?

Mientras un progenitor canta y otro vive en su particular Nirvana, ¿no habrá nadie que atienda a esas criaturas?

(Excursus presuntamente serio: el protocolo y la urbanidad, señores. ¿Acaso por eso defiende con denuedo lo de la educación para la ciudadanía? temo que no, pero si de otras obligaciones -naturalmente, obligaciones para con los demás y a la par muestra de respeto a uno mismo y allegados- se habla, y su prole las asimila lo agradeceríamos todos. No era la ocasión para la permisividad, perdieron una ocasión de aleccionar a las niñas, pero mantengo que le importa un bledo, que sus categorías mentales son tan raídas, planas y manidas que ni se pararon a considerar las implicaciones. Todo muy representativo de como es esa familia y por extensión los votantes que les jalean. Vade retro.)

Las cosas como son

jueves, septiembre 24, 2009







Wilkinson es un tipo sensato. Lo demuestra dentro y fuera de la batalla que es el el juego del  rugby. Y para quien ha jugado 30 años a ese extraño pasatiempo algunas de esas cosas que  dice, por más que vengan de un consagrado mito del rugby inglés, no son más que una obviedad, de esas que solamente a veces conviene repetir.

El vestuario, antes de cada partido, es un lugar extraño. Silencioso a veces, bullicioso otras. Uno sabe precisamente como va a afrontar cada uno de sus compañeros esos minutos previos al choque. Uno conoce exactamente el aderezo de las palabras adecuadas para ese partido concreto, esas instrucciones que se repiten siempre, que se recuerdan aunque no sea necesario, que conforman el alma de cada equipo y que no suelen ser tan diferentes porque lo que marca la diferencia es ese otro cúmulo de circunstancias que han acontecido antes de llegar a ese momento. "La primera melé es la más importante, que sepan quienes somos desde el primer placaje, atención al primer up and under los de atrás, este árbitro no deja pasar una, juguemos al límite del reglamento". Esas cosas que el aficionado que nunca jugó dificilmente puede conocer y que hacen tan sutil la barrera entre lo tolerado y lo tolerable. Esos matices que impiden comprender decisiones y actitudes al espectador que no ha sabido del juego de los villanos desde sus años maleables. Esos detalles que al público común le hacen juzgar equivocadamente los que sucede entre palos y palos. Esos sucesos que exacerban los ánimos de los poco versados y que emponzoñan el ambiente, que si mal inevitable cuando se trata de noveles aficionados de esos que nunca jugaron, es pose desafortunada en los que pertenecen a la secta y responsabilidad compartida con aquellos que no supieron transmitirles nuestro carácter. Severo juicio merecen unos y otros. Claro que yo soy un viejo defensor del siglo XIX para estos menesteres.


España dividida

martes, septiembre 22, 2009



Los hados se han conjurado contra este viejo país. El último acontecimiento previsto por los arúspices ha tenido lugar en Varsovia, apenas hace dos días. España ha ganado el campeonato de Europa de baloncesto. Además, con la insultante superioridad de yugoslavos o soviéticos en las tres últimas décadas del siglo XX (y racaneando en las primeras fases, al uso italiano de aquellos tiempos, recuerden a Riva, Villalta, Sachetti, Meneghin y demás patibularios de la zona). Pero no es la república transalpina el ejemplo. No. Lo son los estados socialistas (y resulta que el nuestro es una modalidad coronada de esa plaga, especializado en la socialización del fracaso y la penalización de la excelencia, salvo en algunos deportes que concitan la atención de la mayoría y son hoy la excepción en la discordia general).

Pues sí, igual que Kicanovic, Dalipagic, o los Petrovic, Delibasic, Vrankovic, Kutura, Divac o Kukoc, por citar algunos de los balcánicos, y los Sabonis, Volkov, Homicius, Kurtinaitis, Belostenny, Tarakanov, Tikhonenko, Lopatov, Jovaisa, Pankrashkin o Valters por la URSS, tenemos una generación que anuncia el apoteósico final. Un campeonato del Mundo más y quizás otra plata olímpica y todo será acabado. Más equipos al lío internacional, más federaciones, más prebendas y más dineros en circulación, que es lo que resolverá la crisis. Que no es dinero productivo ¿pero qué me dice? ¿que no va a haber un duro para zarandajas? No, no, está Ud. equivocado. Panem et circenses. Lo mejor para la crisis. Con los bárbaros ya lidiaran nuestros mercenarios a sueldo.

Thornton Wilder

lunes, septiembre 21, 2009



Thornton Wilder. Dramaturgo y novelista norteamericano, nacido en 1896 en Wisconsin, hijo de diplomático destinado en Shangai, doctorado por Yale, soldado en África e Italia, ganador de varios premios Pulitzer, profesor en Harvard. Desconocido para una gran mayoría, si es que alguna vez se supo de él, por más que sea citado y recordado por académicos y catedráticos. Olvidado incluso para eso que llaman el gran público, en su propio país, a salvo la eventual representación de alguno de obras de teatro (A life in the Sun o The Matchmaker) o su adaptación al cine, como fue el caso de la irregular "El puente de San Luis Rey", que por esa razón es lo más leído en España de Thornton Wilder.

Lo leí por primera vez movido por la curiosidad. Una tercera de Julían Marías en el ABC, no recuerdo la fecha, recogía una buena crítica, muy especialmente de "Los Idus de marzo". Busqué la novela y la compré, en la edición de Penguin, un 16 de febrero de 1995, cuando Turner, en la c/ Génova, todavía lo era. 1.765 Pta. me costó. Y lo sé porque, al releerlo hace bien poco, cayó de entre las amarillentas páginas la nota de compra.

The Ides of March (1948) se suelte catalogar como novela histórica, pero no lo es. Ni por la intención de Wilder, ni por las licencias que se toma. Es más bien una alegoría de la condición humana, el Poder, con mayúsculas y el Destino. Ya declaraba el autor en su Introducción que la recreación histórica no estaba entre lo que se había propuesto principalmente. Que habría de ser más bien "a fantasia on certain events and persons of the last days of the Roman republic". Así que altera hechos y fechas. Y sin embargo no recuerdo semblanza más apasionante de esos últimos días de la República que la que traza Wilder.

Diseña el autor un libro epistolar, en el que se cruzan como un entramado diverso y desvaído las distintas tramas que inopinadamente llevan a la muerte de César. Sin explicación aparente leemos la correspondencia entre el Dictador y sus familiares, en sentido romano del término, la de estos entre sí; la de visitante ilustres como la última Ptolomeo; informes de la policía sobre las actividades de la oposición senatorial y sobre autores que hoy llamaríamos creadores de opinión, a saber, Cátulo, Horacio y Ovidio; las elucubraciones de un retirado Cicerón, el que soportaba a duras penas su final político merced al perdón de César y que habría de acabar tan mal, traicionado por Marco Antonio y Octaviano; los panfletos que inundaban la urbe y que anunciaban el final de César, esos que con el tiempo, en la misma ciudad anunciarían la caida de otro dictador, con el mismo tono y con el mismo fin, aunque dieran en la muerte de un régimen y un tirano más bien de opereta, y mediaran casi dos mil años entre la firmadas por el Consejo de los Veinte y las que atacaban a los camisas negras redactadas y difundidas por Lauro de Bosis, dicen que inspiradas por George Bernard Shaw. ¿O acaso aquéllas no fueron y éstas sí?

Fue, sin embargo, The Bridge of San Luis Rey (1927) su primera novela de renombre, que yo leí después, y la que le dió fama. La muerte de las cinco personas que cruzaban un puente sobre una quebrada, en el Perú, presenciada por el Hermano Junípero, le lleva a desentrañar la maraña de acontecimientos que han dado con cada uno de ellos en ese lugar y en ese momento fatal. La fe, el azar, Dios, la vida y la muerte a través de la historia de los más notables tipos humanos de la sociedad del Virreinato, descrito con una agudeza que para sí querrían muchos historiadores de aquí y de allá, de los eruditos y de los ideologizados.

Tengo pendiente, y le quedan aún cinco o seis libros por delante, Heaven's my Destination (1935). Es posible que rompa el orden previsto y como sucedía en las covachuelas administrativas hasta no hace demasiado, merced a un impulso, que en este caso no será oneroso, salte al primer puesto. Y es que sosiega una mirada como la de Wilder quien, como el arqueólogo (que lo fue, en Roma, precisamente), dotado de una cabeza ordenada y llena de sentido común, nos ofrece una visión que conjuga el detalle y el gran diseño de cada capítulo del Tiempo que dramatiza.

Newsweek publica un artículo sobre Wilder en su último número. Lo cierto es que iba buscando la entrevista que en esa revista habían sufrido de nuestro inenarrable primer ministro, pero desistí al encontrar asuntos mucho más importantes.


La República de Weimar

viernes, septiembre 18, 2009


Eric D. Weitz es un profesor de Historia de la Universidad de Minnesota, especializado en Historia Contemporánea y autor de una extensa obra.

"La Alemania de Weimar" ha sido publicada en España por Turner hace pocos meses, con la calidad y cuidado que caracterizan a esa editorial. En inglés lo fue por Princeton University Press, en 2007. Es un buen libro, aunque con pretensiones literarias (el original paseo por las calles de Berlín), que el autor, que como era de esperar domina la técnica historiográfica,  bosqueja pero no define. La época y el asunto siempre han sido de mi interés y aunque el tratamiento que hace Weitz de los aspectos políticos de la malparada república burguesa no es original, la visión de conjunto y el estudio del entramado social, de la efervescencia artística y del desenfreno vital que parece vivieron los alemanes por primera vez en algunos siglos, es notable. De hecho, es el objeto del libro, lo que queda bastante claro por la relativamente escasa presencia que tienen en sus páginas  los camisas pardas y su criminal organización,  que bien medraban con la progresiva ruina de Weimar. Así que los nacionalsocialistas sólo tienen una importancia circunstancial en el libro, mientras que Robert Siodmak, Billy Wilder, Thomas Mann, Fritz Lang, Ernst Bloch, Bruno Taut, Gropius, Bertold Brecht, y hasta en equívoco Heidegger, por citar algunas personalidades de la vida cultural alemana, o el SPD, Ebert, el Stahlhelm o el Zentrum, en la política, son los hilos conductores de la obra. Y un sesgo notablemente antiprusiano, en sentido lato y haciendo comprender en ese concepto los arquetipos con que se ha solido identificar a la derecha conservadora y militarista alemana, culpable según el autor, del infierno por llegar y a la que la izquierda debía haber domesticado sin ambages, evitando los extremos del bolchevismo ¡por supuesto! pero considerando que muy probablemente Ebert se equivocó contemporizando ya desde 1919 con los poderes fácticos heredados del II Reich.


Dos notas destacaré del libro: que queda en evidencia la fragilidad de la democracia liberal y la fluida conexión que se estableció entre ese sistema político y la eclosión de la cultura alemana de entreguerras. Y añado, por más que una buena parte esté sobrevalorada.

Farsa

jueves, septiembre 17, 2009



La Testaferro, el Sátrapa tunelador megalomaníaco, el Dinosaurio neodemócrata-pseudofalangista-componedor de corruptelas y ex-gran gerifalte del club de felices burócratas más acomodado del Universo Mundo, y los alegres Zoquetes colectivistas, en plural versión, catalana y madrileña, todos satisfechos de su extraordinaria peripecia vital.

Farsa en Tres Actos: Madrid y mi carrera olímpica.
Autor, Director y Protagonista: el Sátrapa.

Acto I. La Idea. Encantados de Conocernos
Acto II. Los viajes.Qué gran vida nos damos
Acto III. Que nos quiten lo "bailao".
Coda. El COI, las bebidas espirituosas y las cuentas corrientes en Bahamas, o de cómo Río de Janeiro obtiene las máximas calificaciones en seguridad, infraestructuras y otras pamemas.

El Gobernador

Veterano de las guerras de Flandes y de cien expediciones contra berberiscos y otomanos del norte de África. Ejecutor de la expulsión de los moriscos del Reino de Valencia entre 1609 y 1611; sucesor del marqués de Hinojosa, Juan Hurtado de Mendoza, en el Gobierno de Milán, después de la torpe intervención de aquél en las negociaciones que concluyeron con la Paz de Asti, cuando los saboyanos ya estaban derrotados, en 1615; triunviro en Italia con el Virrey de Nápoles, Pedro Girón, duque de Osuna y el embajador en Venecia don Alonso de la Cueva, marqués de Bedmar, para mejor defensa de los intereses de la Monarquía en el Milanesado y el Adriático; artífice de la parcial restitución de los saboyanos al orden con la conquista de la fortaleza de Vercelli en 1617 y opuesto al compromiso con la derrotada Saboya y la mezquina Venecia que pedía la declinante figura de Lerma; sustituido en 1618 (tras la "conjura" de Venecia y la defenestración de Praga, preludio de la Guerra de los Treinta Años) por Gómez Suárez de Figueroa, Duque de Feria, que tampoco seguiría aquella política, más seguro ya de la pronta caída del valido.

Con que severidad contempla desde el Salón de Retratos del Senado a la caterva de aposentados y postulantes que van y vienen por esa cámara (y tanto daría la otra), órgano legislativo de un reino heredero de aquella Monarquía a la que sirvió. No ha lugar a la comparación, trató a gigantes y gasta su eternidad sufriendo a menguados rapaces. Don Pedro Álvarez de Toledo, Condestable de Castilla, Gobernador de Milán y marqués de Villafranca.

Tu quoque...?

miércoles, septiembre 16, 2009


Gallego & Rey, 16/9/2009, para El Mundo.
Bravo.

En casa del herrero...

martes, septiembre 15, 2009

KPMG director Andrew Wetherall stole £545,000 to fund wife's lifestyle - Times Online

Confíen Uds. en las grandes firmas de contabilidad. Y en algunos contables y en Uds. mismos y su complacencia.

Suerte, envite o azar

El póker, generalmente, casi nunca el mus, aunque sea afición más extendida en los reinos de taifas. Costumbre adquirida en la facultad de Derecho de la Universidad de León. Bastó un curso, el primero de la licenciatura, para tan feo pasatiempo. Pero había causa de fuerza mayor. No lo duden, y aunque ahora la desazón y el abatimiento que sufríamos los alumnos de ese curso, 1984-1985, se ha extendido al común de los súbditos de la Monarquía, entonces nos parecía (¡ilusos!) una bendición.
Cada titular de departamento tiene sus adláteres. Ya se sabe que la vida universitaria española es endogámica, servil, canallesca y tal y tal, pero el sagaz estudiante de primero de carrera, si se trata de Derecho, sabe que no tendrá demasiadas dificultades y que se abren ante él infinitas posibilidades de jolgorio sin que, siendo mínimamente avispado, su expediente corra peligro. Por lo menos hace 25 años y no creo que el panorama haya cambiado a ese respecto. Lo cierto es que tanto titulares como adláteres de aquella facultad y aquel curso han hecho carrera. En Historia del Derecho un Procurador y Senador del Partido Popular, presunto descendiente de un Virrey del Perú, según declaraba cada quince días, mostacho enhiesto y capa española al aire: Fernando de Arvizu y Galarraga, navarro, que disponía del vasallaje de quien es hoy profesor de la Universidad de Oviedo, Manuel de Abol, aburridísimo meritorio que caminaba siempre unos pasos por detrás del señor catedrático, en señal de sumisión y respeto infinito. En Derecho Romano el sobrio profesor Rascón, hoy catedrático en Valladolid y como adjunto el segundón de más valía, hoy en la Complutense de Madrid, Ignacio Cremades, enamorado del caso práctico y particularmente destacado por su independencia y sano juicio, lo que sin duda le ha impedido llegar más lejos. En Derecho Natural Benito de Castro Cid, un tipo plomizo, hoy catedrático en la UNED, asistido por tres o cuatro esbirros tan oscuros y dados a la imitación del titular que probablemente ni mencionaron su nombre y apellidos a los escasos pobladores de las bancadas del aula. Sin embargo la estrella que deslumbraba al universo docente habitaba el Olimpo del departamento de Derecho Político, y no era el titular, un buen profesor, aficionado al rugby por demás, socialista entonces de criterio independiente y enemigo de dogmatismos, rara avis en fin, cuyo nombre no mencionaré por prudencia y por no asociarlo con algunos de los antedichos. Sufría éste con paciencia infinita al meritorio más destacado, al factor de mi afición por el póker y por la mesa de la esquina, a la derecha según se entraba, del bar de la facultad, al inefable vallisoletano que ha quebrantado todas las reglas de la lógica y la sensata prospectiva y nos ha regalado una soberana cura de humildad a todos lo que nos mofábamos de él, en las pocas clases suyas que soportamos y en las ocasiones en que aparecía por la barra de local que habíamos convertido en zahúrda de eventuales tahúres. Las chanzas y chirigotas debieron ser crueles, pues su mirada esquiva revelaba resquemor, que juzgábamos equivocadamente se traduciría en malquerencia y riesgo para las calificaciones, que de haberlo, fue frenado por la equidad del titular. Mirada, digo, que más bien se transformaba en juramento de ambición ilimitada y desafío al destino que naturalmente hubiera aguardado a un tipo como el que se mostraba cada día: fatuo (valen ambas acepciones del Diccionario de la RAE), atolondrado y resentido. Así lo juzgábamos, en mi círculo de jugadores, por sus descabaladas clases, sus andanzas en el departamento y por los chascarrillos que circulaban del aspirante sobre sus (malas) artes en el PSOE leonés, que no referiré por ser de segunda mano.

Lo habrán adivinado los escasos lectores de la contingente entrada: se trataba del presidente Zapatero, el aparatchnik por antonomasia. Que obtuviera acta de diputado en 1986 no me extrañó, era cuota juvenil entre los desastrosos y rancios sindicalistas de la cuenca minera. Que poco después obtuviera la Secretaría General del PSOE provincial, un poco más, debía ser un candidato de compromiso y haber apuñalado a alguno de esos viejos “mineros” por el camino. Que llegara a Secretario General del PSOE en nefasta fecha me provocó hasta una malévola sonrisa: insensatez del PSOE y vía libre a los complacientes aznaritas para varias legislaturas. Inocente de mí. El tipo era una bomba de relojería. Una carcajada del Azar. Lo demás ya lo conocen. Ahora habitamos el mejor de los mundos posibles.
(Versión de la entrada de Nickjournal de esta misma fecha)

BWV 1079

lunes, septiembre 14, 2009



Canon 1, a 2, de la Ofrenda Musical de 1747, BWV 1049. Bach crea el palíndromo musical o la matemática sonora a modo de cinta de Möbius (de ahí el brillante vídeo) para Federico II de Prusia y su tema original.


Canon perpetuus...

Viaje a ninguna parte


Dicen algunas encuestas, de esas propias de las páginas veraniegas de los periódicos, que muchos portugueses no sólo no sienten los viejos recelos por España (en su caso y salvo la estúpida Guerra de las Naranjas, deberían referirse a la Corona de Castilla, pero convengamos en usar el nombre común del Estado), sino que en un inesperado resurgimiento de un iberismo más bien utópico, estarían dispuestos a la unión, federación, confederación o cualquiera que fuera la ocurrencia de los eventuales patrocinadores. A los españoles, en general, tanto les da, ensimismados en las querellas de despedazamiento que les ocupan desde hace treinta años, retomando la vieja tradición, y totalmente ajenos a los avatares de la república del oeste, así que los desconfiados portugueses, y si alguno lee estas líneas que sepan que tienen mis simpatías, que duerman tranquilos.

Lo que ocurre es que los fantasmas del pasado gustan de salir a pasear de vez en cuando, con sus sábanas mortuorias teñidas con los colores del nacionalismo de turno. Así que si se acerca una campaña electoral, o se discute algún presupuesto, o se ventila el reparto de cualquier parcela de poder, abducen al populista de turno y le hacen osado y grandilocuente. En el caso portugués se agita la amenaza de la anexión, la arrogancia castellana, el militarismo secular, la conquista económica y el espíritu maligno de Felipe II si es menester. Se envuelve el candidato en el pendón del Condestable Nuno Álvares Pereira en Aljubarrota y a declamar mentecateces para consumo de incautos.

Se opone la candidata conservadora al gobierno portugués, ahora, no antes, a la unión por tren de alta velocidad entre Madrid y Lisboa, acaso también al previsto enlace con Galicia. Que no quiere ver españoles mezclados en asuntos portugueses. Y ya ha sido ministra la meritada. Bravo. Eso es visión de futuro. O le pagan la patronal de transporte terrestre de viajeros y el sindicato de conductores. Porque las razones económicas son obvias, pero como comentábamos esta mañana el barbudo capitán de una página amiga y yo, si el trayecto entre ambas capitales se reduce a 180 minutos, Lisboa va a estar llena de madrileños fin de semana sí y fin de semana también, y del resto de españoles cada veinte días. Que les pregunten a los hosteleros y comerciantes lisboetas que les parece la perspectiva, o que les entreguen una copia del escudo del Condestable con la firma de la Senhora Ferreira. A ver qué prefieren.

Pero que no se preocupen los políticos más allá de la raya portuguesa, que pronto sus vecinos van a tener que buscar otro acomodo constitucional y es posible, entonces, que recuperen Olivença y si son osados, promuevan una unión con lo que quede del desmoronado reino borbónico a su mayor ventaja y la capital se sitúe donde siempre debió estar: a orillas del Tajo.

El secuestro de Casanova

sábado, septiembre 12, 2009


Me cuenta Requesens que la tribu nacional-colectivista de Cataluña anda contrariada por las fechas. Que no les gusta que el aniversario del crimen de Nueva York coincida con la conmemoración de la rendición al primer Borbón. En su soberbia y cerrazón seguramente creen que fuera del terruño va a tener alguna repercusión su retórica anticuada y excluyente. Además las mayoría no saben de qué hablan, y los que lo saben engañan, como es su costumbre, en lo que se rebelan como destacados miembros de la clase política española de la que reniegan.

Porque el Casanova que homenajean nada tiene que ver con el histórico, sino con su imaginario delirante y segregador, ya lo dijo Blakeway el año pasado. Las palabras de Rafael Casanova no casan con el sesgo de los que ahora sólo batallan por privilegios de partido y trincheras presupuestarias.

No es difícil conocer la verdad, pero es más fácil dejarse llevar, o por la imbecilidad circundante o por la servil sumisión ante el que paga.

En lo que se ve acuerdo con lo que creía Casanova es en lo de los privilegios propios del Antiguo Régimen. Probablemente los descerebrados vitoreadores lo confundirán con el del último espadón. Pedirles que lean un poco más es acaso una aporía.

Pero lo cierto es que el último capítulo de la Guerra de Sucesión nada tiene que ver con la ceremonia de la Ronda de Sant Pere .

"Senyors, fills i germans: avui és el dia que s'han d'acordar del valor i glorioses accions que en tots temps ha executat la nostra nació. No digui la malícia o l'enveja que no som dignes de ser catalans i fills legítims dels nostres majors. Per nosaltres i per la nació espanyola barallem. Avui és el dia de morir o vèncer. I no serà la primera vegada que amb glòria immortal fos poblada de nou aquesta ciutat defensant el seu rei, la fe de la seva religió i els seus privilegis" (Rafael Casanova, Conseller en Cap, 1713).


Sailing to Philadelphia



I am Jeremiah Dixon
I am a geordie boy
A glass of wine with you, sir
And the ladies I'll enjoy
All Durham and Northumberland
Is measured up by my own hand
It was my fate from birth
To make my mark upon the earth...

He calls me Charlie Mason
A stargazer am I
It seems that I was born
To chart the evening sky
They'd cut me out for baking bread
But I had other dreams instead
This bakers boy from the West country
Would join the royal society...

We are sailing to Philadelphia
A world away from the coaly tyne
Sailing to Philadelphia
To draw the line
A mason-dixon line

Now you're a good surveyor, Dixon
But I swear youll make me mad
The West will kill us both
You gullible geordie lad
You talk of liberty
How can America be free
A geordie and a bakers boy
In the forests of the iroquois...

11 de septiembre

viernes, septiembre 11, 2009


Alrededor de las dos de la tarde me llamó un amigo, consejero delegado de una agencia de bolsa. Sabía que tenía algún interés en la evolución de los mercados financieros porque, aunque no era cliente suyo, estaba al tanto de una pequeña inversión en opciones sobre acciones, un "call" que pintaba muy bien y que meses atrás y sobre el mismo valor me había dado buenos beneficios, sin necesidad de ejecutar, simplemente vendiendo la opción.

Lo que me contaba era tan descabellado que lo tuve por cierto. Mi amigo había encontrado un momento para llamarme por si acaso, asediado como estaba por sus clientes. Como era de esperar, mi inversión se volatilizó, como la seguridad de Occidente, las certezas de muchos y la vida de tantos.

Cada uno tiene una primera impresión de los hechos que marcan una época. La mía fue la de unos ahorros evaporados, y la causó la llamada desde la oficina financiera. Si hubiera contemplado en directo la retransmisión televisiva que ya daban todas las emisoras, seguramente no me hubiera acordado de los valores hasta pasado un tiempo. Pero no fue así. Sin embargo, en lugar de volver al despacho, me fuí a mi casa ya que esa tarde no tenía ninguna reunión, así que podía regresar a la hora que quisiera a mi atestada mesa de trabajo. Llegué y encendí la televisión, y sí, ví en directo la caída de ambas torres. Las emisoras norteamericanas, y se hacían eco las demás, daban una impresión de absoluta desolación y de desconcierto infinito. Algunos funcionarios de segundo orden hablaban ya de guerra, aunque en términos retóricos. La opinión entre comentaristas y espectadores era de rabia e indignación desbordada, aunque no faltaban los indecentes que añadían su comprensión al júbilo espontáneo que se desató en las capitales de muchos países musulmanes.

No creí que empezara entonces una guerra, como dijo el atolondrado George Bush Jr. esos días. Quizás por parte de los EE.UU. sí, y con reticencias, por parte de algunos aliados. La guerra había comenzado hacía mucho timepo, pero hasta entonces fue unilateral, y se coció en las infectas callejas de El Cairo de los Hermanos Musulmanes desde los años 30, o en los campos de refugiados palestinos que tan bien se acomodaban a la estrategia del sanguinario mentiroso Arafat, o en las madrasas de Islamabad, o en el Consejo de la Revolución de Teherán, o en el escenario del Gran Juego kipliniano donde ingleses y rusos abandonaron políticas y estrategias que ahora reproduce la OTAN, o en las chabolas de Casablanca, y claro, en la cueva donde se escondiera entonces el puro e iluminado mensajero del Profeta que forjó su mito de combatiente con el dinero de la CIA.

Hizo falta que unos fanatizados y asociales cretinos de fe musulmana se dejaran convertir en engranajes para el gran crimen mediático de nuestro tiempo. Y aun así hay imbéciles por todo Occidente que continúan con su rancia prédica de autoflagelación, de multiculturalidad y de diálogo y alianza. Entre ellos desde luego la patulea que gobierna este rincón de Europa, y adláteres, epígonos y mentecatos varios de la izquierda necia y de la derecha vergonzante del continente. Por no hablar de tiranuelo andinos o coronelotes tapioquistas caribes o cónyuges peronistas de quita y pón de latitudes australes.

La medida del tiempo del musulmán no coincide con la nuestra. Tienen la paciencia como una virtud. Los acólitos del Profeta no piden responsabilidades a sus dirigentes, frivolidades de democracias. El diálogo con el Islam es ontológicamente imposible y con los caducos y ensimismados clérigos que dicen representar a la Umma no lo parece. Van a ser cada vez más y están dentro. Siguen, cada vez más conscientesmente y aprovechando que son necesarios, la consigna de Huari Bumedian de 1974, en la Asamblea General de Naciones Unidas: sólo tiene que seguir naciendo al ritmo que lo hacen y recibir la fe de sus padres. En cuarenta o cincuenta años a Europa no la va a conocer... (pueden elegir el final castizo o el que les pete).

Alcaldes

jueves, septiembre 10, 2009


Desasosegados deben andar los regidores de las sufridas ciudades, villas y pueblos de Taifas. Se va acabando el Plan de derroche del Malvado Sonriente. Queda agotado el presupuesto para más desmanes urbanos, para más tropelías al ciudadano, para más incomodidades al peatón o más obstáculos al tráfico rodado, para más fealdad del paisaje de cemento y polvo que padecemos.

El alcalde hispánico es especie digna de estudio detenido. La magistratura lleva implícitas en este reino cualidades señeras que han trascendido al régimen político. La avaricia, desde luego. Los porcentajes que se quedan entre los dedos de intermediarios y testaferros cuyo destino todos conocen y nadie denuncia. La indecencia, sin duda. La de quienes se presentan como adalides de la calidad de vida de la gleba, y tienen el concejo como trampolín de ambiciones particulares. La ceguera, por supuesto. Sólo el general embotamiento de los sentidos y la degradación del gusto hacen posible que los administrados por la clase política municipal no se avergüencen de los engendros que habitan, cuyo estado permanente es además, paradójicamente, el de la obra provisional, que se prolonga hasta la siguiente y la otra y la próxima y no tiene final. Zanjas, vallas, desvíos, socavones y andamios, en una espiral sin fin de frenesí derrochador y demoledor.

Hablaba ayer el sátrapa de Cibeles de la solidaridad que debían mostrar los habitante de su feudo con aquellos que gracias a las mil obras de la capital tienen trabajo. Osa el ambicioso petulante proferir necedad semejante, amparado en la apatía sumisa de un votante que olvida la gestión municipal y sólo opta por lo que cree ideología en las convocatorias municipales. Como si el coste de cada uno de esos improductivos puestos de trabajo no fuera a llevar a otro empleado a las listas del paro. Al final se revela en su máxima miseria la identidad de pensamiento entre colectivistas de izquierda y derecha. Ignoran intencionadamente la razón última entre capital y trabajo. Y desde luego las obras del Plan al que todos los ayuntamientos se acogieron hace tres meses no son de las que forman capital. Pero, alégrense, que ayer cayó Estonia.

Levante

martes, septiembre 08, 2009


Nada rompe la línea del horizonte. Luz desvaída de un atardecer lento que desdibuja los contornos de la costa que hace siglos asolaran los bajeles berberiscos, cuando las galeras del rey bogaban en las aguas de los reinos de ultramar de la Corona de Aragón, los que forzaron la política europea de Castilla, haciéndola española y con la herencia Habsburgo acabaron con el reino de hombres libres y comunidades de villa y tierra. El soporte de la Monarquía Hispánica. Los Austrias y América y sus potosíes y la política continental aragonesa, las Españas que fueron y ya no son. Las que acaban por voluntad del tarado Carlos en manos del nieto del Rey Sol y desmantelan los cuatro Decretos de Nueva Planta y dejan expedito el camino al inevitable centralismo borbónico. Las que aun después del engendro de 1978 son la excusa para irrendentistas que se ignoran epígonos austracistas. En Viena quedan restos de los que fue el exilio de nobles y letrados de la Corona de Aragón que acompañó al pretendiente, luego emperador, el primer Carlos III, y VI del Sacro Imperio. Pero no lo saben. Y los pocos que conocen esa historia se cuidan de no mencionar los motivos de aquellos exilados. No les conviene. Pero yo hablaba del mar. De un mar y una fortaleza, desde la que se divisaba la silueta de los jabeques y faluchas del vasallo rubicundo de la Sublime Puerta. Extramuros deambulan hoy gentes de origen tan dispar como descendientes de moriscos retornados (lo que apoyaron al Virrey en lo de las Germanías, frente a las atrocidades de las partidas del pañero Vicent Peris, los mismos que señalaban a Dragut el fondeadero para sus flotillas), recientes desempleados ellos, y tocadas de hiyab ellas; afanados nativos abrumados por el difícil Otoño que llega; reatas de teutones y británicos menos nutridas que de costumbre, que se distinguen bien de sus compatriotas asentados en Levante, más los alemanes que los isleños; y africanos azulados de cornea amarillenta que malviven a la espera de que la taifa competente los despache hacia la jusrisdicción de otra más poblada, donde se disuelvan en el paisaje multiforme y caótico que el sátrapa de Cibeles pretende modelo de todos y es, por cierto, ejemplo de nada. Gentes que pasan y comercian y se observan. Gentes acomodadas y menesterosas. Gentes cansadas y a la espera. Gentes de vuelta, los del norte, y gentes recelosas pero esperanzadas, los de fe indubitada y observancia rigurosa, cada vez más seguros, me dicen en el mercadillo de El Pedreguer, donde busco como improbable hallazgo algo que fue mío. Y más numerosos. No es lo de Francia, pero lo será. Y chinos que, naturalmente, monopolizan los locales de horario permanente. Amalgana de comunidades superpuestas sin referentes comunes, y autoridades (¿autoridades?) ocupadas en parasitar la última moneda del presupuesto. Pero hace sol, disfrutemos. Ya veremos mañana.

El Regne, els nacionalistes i altres coses

lunes, septiembre 07, 2009

És curiós el que passa en el Regne. Parlen català en perfecta convivència amb el castellà, però no ho volen reconèixer. No la convivència, sinó el nom de la llengua. Que la gent accepti que canviïn el nom de l'idioma hauria de ser per a pensar-lo. I és que excepte radicals subvencionats des del nord i acadèmics molt seriosos (quina barreja), a València no els agrada la tutela que des de Barcelona es vol fer dels seus assumptes. I tot això malgrat Almansa y el Decret de Nova Planta del 29 de juny de 1707. Curiós, insisteixo, per als rondalles unionistes del nacionalisme d'esquerra i dreta.

I no és que fugin dels desvaris totalitaris del nacionalisme, i dic nacionalisme sense adjectiu gentilici darrere, la qual cosa és lògica i assenyat: és que la història del Regne és la del país que va dissenyar el rei Jaume I, el qual, durant el seu belicoso regnat, va fragmentar la Corona d'Aragó en tres parts per a sempre, agradi o no als seguidors de banderes amb estrelles i passats reconstruïts, per més que en les Illes Balears les seves conspiracions i manejos amb col·lectiu-istes de color vermell i maragda, vagin pel camí de la Catalunya Gran.

Com si fossin hereus del Casal de Barcelona, els nacionalistes voldrien ser com Jaume El Conqueridor als regnes de Mallorca i de València i refer l'organització ja des de la mateixa conquesta com a entitats polítiques autònomes, especialment el de València, que tenia corts pròpies. Després, amb un concepte patrimonial dels regnes, aquestes gents es repartirien entre els seus addictes els territoris de la Confederació: el regne de Mallorca, els comtats de Rosselló i de Cerdanya i Montpeller (guerra al francès), el Principat de Catalunya i els regnes d'Aragó i de València. I si més enllà del mar o al sud del Delta del'Ebre no volen reconèixer la sobirania i vassallatge, no importa molt. Com a la mort de Jaume I quan Pere II de Catalunya i Aragó exigí de Jaume II de Mallorca que es reconegués vassall seu, cosa que aquest féu el 1278, alhora que s'obligava a fer observar als comtats de Rosselló i de Cerdanya les lleis de Catalunya, ara les lleis del futur Quatripartit. I de Mòssen Laporta, el nou dirigent que conduirà al país per la senda de la independència com el premier Salmond als escocesos. El que no sabem és l'any, i com diu el meu amic castellà Pedrarias Dávila, consultem també fora de Catalunya, perquè haurà sorpreses. Pot ser que la nostra roca ens la retornin per correu certificat sense justificant de recepció.

Ara bé, encara podem tirar-li la culpa a l'ocupant castellà i als partits botiflers de coses com aquesta. Quant prestigi y visca l'esquerra y la seva idea de tolerància.

El Grand Slam de 1971 II

martes, septiembre 01, 2009

Pues sí, ante el panorama que se avecina, nos damos a la nostalgia. Así que sigamos con los Diablos Rojos de 1971. Hoy en su partido frente a Irlanda, en Cardiff. El partido en que ganaron la Triple Corona de 1971, último episodio de la lucha fratricida de ese año antes de cruzar el Canal de La Mancha. Los irlandeses no midieron sus fuerzas y se entregaron, como tantas veces antes de la era O'Driscoll, sin mesura, durante el primer tiempo, que fue suyo. No importó a los rojos, que conocen las exigencia de su divisa: Ich dien. Así que, como el motor que sale del rodaje, alcanzaron su mejor par al inaugurarse la segunda mitad. Sobrios, calmados, sabios, contuvieron los delanteros locales a los titánicos irlandeses, más fuertes, más pesados, más torpes. Aseguraron sus posesiones y desataron el rayo y el trueno del Olimpo de los Valles del Sur, presidido por Edwards y John. Una brillante generación de bravos irlandeses veía, otra vez, como la Fortuna se conjuraba contra ellos, postergados por una conjunción de temple, estrategia y genio diseñada por una común inteligencia, sutil y poliédrica. Sólo los Lions de 1968 o 1971 o 1974 resarcieron, no sé si suficientemente, a los Mike Gibson, Willie John McBride, Fergus Slattery o Ray McLoughlin.

video

1971 fue especial para País de Gales: ningún equipo, jamás, ha ganado el Torneo solamente con dieciséis jugadores, capitaneados por el centro Sidney John Dawes, que con el tiempo acumularía, también, honores en los Lions y como seleccionador y entrenador de su país.

Aquellos dieciséis fueron: J.P.R. Williams (London Welsh), T.G.R. Davies (Cambridge University & London Welsh), S.J. Dawes (London Welsh), A. Lewis (Ebbw Vale), J.C. Bevan (Cardiff), B. John (Cardiff), G.O.E. Edwards (Cardiff), D.B. Llewellyn (Llanelli), J. Young (Harrogate), D. Williams (Ebbw Vale), W.D. Thomas (Llanelli), M.G. Roberts (London Welsh), W.D. Morris (Neath), T.M. Davies (London Welsh), J. Taylor (London Welsh), I. Hall (Aberavon).

Sorprende que no estuvieran J.J. Williams o Phil Bennett en el mejor equipo galés que haya jugado un V Naciones. Bennett había debutado ya, como zaguero, pero esos eran los dominios de John Peter Rhys Williams (que empezaria a ser conocido como JPR cuando el otro Williams, John James, entrara en el equipo), así que tuvo que esperar a la retirada de Barry John para hacerse con el nº 10. Ninguno de ellos iba a desmerecer a sus predecesores.