miércoles, julio 15, 2009

Hasta la próxima

Voces de alarma en Francia...

Sindicatos acomodados. Formación profesional despreciada. Universidad masificada. Mercado fragmentado. Función pública desorbitada. Administraciones enfrentadas. División de poderes inexistente. Sistema financiero colapsado. Deuda pública disparada. Inmigración incontrolada. Educación obligatoria devaluada. Movilidad geográfica inexistente. Investigación sin dotación. Inflacción normativa. Justicia colapsada. Autoridad desaparecida. Prensa panfletaria. Medios audiovisuales envilecidos. Partitocracia fagocitadora. Proyección exterior nula. Capacidad de sacrificio perdida. Pintan bastos.



Hasta la vista. Vuelvo en 15 días. Asturias-Normandía-Île de France-País Vasco, casi 3.000 km.
Falta me hace el descanso.

martes, julio 14, 2009

De nuestros impuestos


Un capítulo más, pero no el último, del reparto del botín. A los adeptos y chantajistas más (y no caigan en la penosa perversión del cerebro nacionalista que se identifica con la totalidad de lo que dice representar, o mejor, va más allá y en un ejercicio de sublimación etéreo se encarna en su legendaria nación, de forma que echen Uds. la culpa a "los catalanes" o vean preteridos, es un suponer, a "los castellanos"). Además ya lo ha anunciado el más vocinglero y ventajista de la troika que abduce a un buen porcentaje de ciudadanos de la Comunidad presuntamente mejor parada: esto no se queda aquí. Esa declaración, que todos sabían se iba a producir, incluso el Malvado Sonriente, haría inevitable preguntarse por la representatividad de la sucursal socialista en el Parlamento, y por el peso de sus aliados en el Palau de Sant Jordi y por el sistema todo, que al final las formas de gobierno representativas nacen de la peliaguda cuestión de los impuestos. Sea en las Cortes de León de 1088 o en cualquiera de las inglesas inmediatamente posteriores. Claro que unas cuajan y otras no, porque se controla al apoderado, que es el gobernante, o no. Y aquí esa incuestionable debilidad del llamado gobierno "central" no significa control del mismo, que los poderes hace tiempo fueron licuados en un mismo brebaje, sino reproducción incontrolada de podercillos centrífugos ajenos al equilibrio de poderes y exentos de toda responsabilidad. Al final las elecciones se deciden por la ocurrencia dadivosa de la penúltima hora o el lamento lloroso de la antepenúltima, como el que llevará a la derechilla local a pedir más aún, sólo porque lo de ahora lo han gestionado los que les han privado del gobierno de casa meva por dos veces. No lo duden.

Y cuando desde el flaco entramado del Estado nada haya que aportar, será el momento de cortar amarras. Y pasará pronto, porque ya se sabe que incluso lo prometido ahora no hay como pagarlo, salvo con más impuestos. Dejados de la mano de Dios estamos. Todo conduce, entre sonrisdas y palmaditas en la espalda, a la bancarrota. Que lean a Carande, si tienen luces para comprenderlo. Acabarán como émulos de los Austrias menores, estampillando nuestros devaluados euros.

Dice mi amigo Requesens i Aytona que en beneficio del resto de España sería mejor antes que más tarde. Pero yo le digo que no puede ser mientras Canfranc siga cerrado, aunque bien mirado, habría que pillar a los ventajistas con el pie cambiado por una vez y presentar un proyecto de reforma constitucional que acabe con el Título VIII para siempre. Entiéndanme, no prejuzgo, o a más o a menos, pero no la eterna indefinición, el inacabable tira y afloja, que sabemos a donde lleva sin que ningún oligarca de la paupérrima democracia hispánica (no me negarán los nacionalistas catalanes que son un pueblo hispánico) quiere mencionar por miedo a esa última reacción que les barra del cobijo del presupuesto y sus ventajas.

En cualquier caso, que conmigo no cuenten. Que no estamos en Boston ni somos aficionados al té, pero que bien podríamos organizar unos "aperitivos antitasas-aranceles-impuestos y exacciones parafiscales", para que los apoderados se enteren de qué va eso de la representación y los representados.

...¡Ah! Que esto es Taifas y sólo preocupan los sanfermines, los fichajes de pretemporada y cómo va "lo mío". Ya.

viernes, julio 10, 2009

G8

O: "¿Cuántos somos para la cena?"
GB: "Diez o doce, que yo sepa"
O: "Y, B ¿trae a algunos para las risas?"
M: "Claro, ya sabes, ZP, un tipo delirante, lo conocéis de otras veces (que no se entera de qué va esto) y además vuelve a pagar la cuenta"
O: "...Es incansable"


jueves, julio 09, 2009

Hispanofobia rancia


Jean-Claude Damamme es un escritor francés de cierto predicamento entre los fanáticos de la cosa "napoleónica". Ya se sabe que allende los Pirineos no se reniega de la propia historia: se asume y se estudia. También hay desviaciones patológicas que hacen de la figura del Ogro de Córcega, que decían los fieles al obeso ridículo Luis XVIII, poco menos que un habitante del Olimpo. Lo curioso es que el sujeto no es historiador, ni falta que le hace. Sienta doctrina y vende muchos libros. Sus lectores reafirman sus ideas sobre su mito y todos contentos (sobre todo el peculio del autorcillo). He leido "Les soldats de la Grande Armée", de Perrin, en su edición de bolsillo de la colección Tempus. Se deja leer, pues la escritura es ágil y salpicada de anécdotas sobre la vida cotidiana de los ejércitos de Bonaparte desde los campamentos de Boulogne, en 1805, antes de abandonar la idea del desembarco en Inglaterra y volverse contra Austria. Las fuentes son esencialemente las contemporáneas, a saber, la profusión de memorias de los soldados-escritores de las filas napoleónicas: "Souvenirs d'un officier de la Grande Armée", de Jean-Baptiste Barrés, "Souvenirs d'un vélite de la Garde sous Napoleon Ier", de François-Fréderic Billon, "Avant-postes de cavalerie légère", de Fortune de Brack, "Mémoires", del general Hugo, "De Valmy a Wagram", del general Lejeune o "Récits de guerre et de foyer" del mariscal Oudinot, por citar algunas. Las fuentes secundarias nunca más allá de publicaciones de la década de los 50. Nutridas, pero superadas, y desde luego, ninguna obra escrita más allá del hexágono. Desconoce las fuentes modernas y a los autores en otros idiomas. Acaso no son útiles para la exaltación acrítica que pretende, y a sus lectores no les interesen los matices, enredados en sus tópicos y apegados a su imaginario legendario. Como en el caso del capítulo dedicado a la guerra en España, que lleva el escasamente original título "Espagne: de la sueur, du sang et des larmes". Es posible que Dammame crea que la guerra continúa y que escribe para Le Moniteur parisino. Solamente es de agradecer que no sea condescendiente con los españoles, al modo de muchos franceses del XVIII y XIX. Es simplemente hostil. Todos los epítetos de la más burda leyenda negra se acumulan en las páginas 211 a 258, al margen de comentarios aquí y allá, siempre del mismo tono: fanáticos, traidores (¿¡ a Napoleón y a su hermano José !?), canallas.

Nuestro tendencioso autor dice que mientras que al atravesar la frontera de Alemania (no, no habla de este o aquel ducado, margraviado o reino, evidentemente para que sus lectores no se pierdan en sutilezas) o Italia (lo mismo), percibían cambios que les hacían sentirse extranjeros, pero no realmente intrusos, "qu'il pénètre en Espagne, et il perçoit, dans l'instant, una sensation de méfiance et rejet. Il est vrai que dans ce pays, dément de une religiosité exacerbé, le soldat impérial, qui chemine précédé de sa réputation d'antéchrist irréligieux, jusqu'a la provocation, se présente moins en simple conquérant qu'en inquiétant boutefeu". Bravo, y sólo para comenzar. Sigue hablando de las impresiones que los aborígenes causan en la tropa, "l'air sombre et sauvage des hommes, la saleté et la pauvreté des maisons", y sus villas, "un autre qui s'arrête a Hernani: la ville lui apparâit sale et mal bâtie; quant à la malpropeté des habitants, elle est jugée revoltante: dans ce pays qui semble duex siécles en arrière du nôtre, on ne connaît aucunne des commodités de la vie". Y añade al poco, y sin citas ni referencias: "Une étude sociologique sommaire effectué par nos observateurs militaires nous apprend que, si la classe moyenne a des moeurs assez exemplaires, le peuple, lui, est corrompu, prompt a s'emporter, danguereus, cruel, et capable de plus grandes excès. Les Espagnols sont connus por avoir toujours sur eux des grands couteaux avec lesquels ils assassinent leur monde très lestement". Ahí queda eso, y qué adelantada la Inteligencia napoleónica que ya hacía estudios sociológicos de los paises ocupados, cuando Comte tenía unos diez años. Por ventura aprendió su ciencia de algún veterano de la Grande Armée, y no en la Escuela politécnica.

Y sigue, sobre los españoles:"la bigoterie des Espagnols de deux sexes dépasse l'imagination", "la religion qui, en Espagne, fera fraterniser le couteau avec le goupillon se révélera un dangeraux excitant"; o sobre la hospitalidad (¡con el ocupante!) "après un dîner detestable, aprè una nuit passée sur le sol, il en coûte fort cher". Y cuando habla del dos de mayo de 1808 desconoce, era de esperar, ninguna fuente española, salvo para referir "A-t-on grossi délibérément le chiffre des victims pour attiser la haine contre les Françaises?", y toma como cierto el bando de Murat. Y los guerrilleros eran solamente bárbaros semicaníbales y los excesos de la tropa gabacha se debían a la tensión que impedía a sus excelsos mandos mantener la disciplina, como en Córdoba, y Dupont se rindió ignominiosamente engañado casi sin disparar un sólo tiro y Palafox fue un inútil porque rindió una ciudad que, pese a no estar fortificada a la Vauban, nunca debía haber capitulado, aunque el sitiador fuera el admirado mariscal Lannes.

Una cita más del fabulista, con motivo de la salida de los franceses de España:"Avec leur folklore barbare, ils se poursuivront jusqu'au retour du roi légitime. Et lorsqu'ils n'eurent plus de Français á se mettre sous le couteau, les Espagnols se massacrèrent les uns les autres..." y en esto último es en lo único que tiene razón, porque el regreso del primer Gran Felón (ahora disfrutamos a algunos otros de la misma catadura), fue una desgracia. Pero eso es sabido por todo el mundo. Y que aquella guerra fue una barbaridad y que las partidas y la gente llana que combatió al invasor se empleó con la fiereza que merecía la ocasión y que el odio por el francés se desató (basta con mirar con detenimiento los grabados de Goya). ¿Cómo podía ser de otra forma? Queden las disquisiciones sobre las buenas intenciones del mejor de los Bonaparte, el hacendado José, para otra ocasión, y lo mismo sobre la tierra de nadie en que pararon los pocos ilustrados que por aquí había.

martes, julio 07, 2009

No lo digo yo

Otros lo han escrito. Y se comprueba cada día; en cada conversación. Y adviertes que hay dos clases de adheridos: los convencidos y los cínicos. A ambos importa un ardite la verdad, y se conforman con los que diseñan su futuro y toman posesión de sus vidas y haciendas. Haciendas, claro que sí. El colectivista salta alborozado cada vez que alguien cae en el abismo de la asistencia pública. El cínico atisba la verdad pero se adapta. Cree que podrá maniobrar e incluso beneficiarse. Pierde el tiempo: el poder es voraz y no sabe que es una simple pieza del engranaje. Y poco a poco se va reduciendo el número de ciudadanos con capacidad (y ganas) de elegir. Elegir, que no votar. Votar a funcionarios de partido que copan las listas cerradas para acceder a magistraturas donde se encastillan no es elegir. Y no es que queden tres años de legislatura, que viene de atrás y la oposición (los nacionalistas no lo son, juegan otra partida) no tuvo ni arrestos ni voluntad para romper el monopolio de la mentira (connivencia más bien).

viernes, julio 03, 2009

Pies Planos Albaladejo


Si, Albaladejo, Pierre. Toda una institución en el rugby francés, de aquella época del torneo Yves Du Manoir y de compaginar trabajo y rugby, lo que no está tan lejos de lo que la mayoría de los rugbieres (me inclino hoy por el argentinismo) hacen cada temporada.

Un mito, decía, del rugby francés. Y su apellido rebela indiscutiblemente su origen. Nacido en 1933, jugaba de medio de apertura o de zaguero. En Dax, ese vivero de jugadores del Sur de Francia, ejemplo, entonces, de otros internacionales como Laurent Rodríguez, Raphaël Ibáñez, Thierry Lacroix, Jean-Pierre Bastiat, Claude Dourthe o Jean-Patrick Lescarboura, porque Pierre fue un ejemplo de humildad, entrega y cordura. Nunca le vi jugar (a salvo viejas grabaciones), que la frontera de la edad es insalvable, pero le escuchaba y aprendía tanto como de Bill Mclaren, su alter ego en la BBC, con las retransmisiones de Antenne 2 que me llegaban grabadas desde más allá de los Pirineos, cuando no había televisión por satélite, cable ni espacio virtual. Retirado del rugby internacional en 1964 (abrumado por la muerte de su hermano Raymond y otros dos compañeros de Dax en fatal accidente de tráfico), fue comentarista deportivo hasta 1999, año en que se retiró con la desaparición del Torneo de las V Naciones. Como es de verbo fluido y gran aficionado a los toros, compaginaba esas retransmisiones con las taurinas para el Canal + francés.


El caso es que a Pierre, que debutó en 1954, no le llamaban "pies planos", como equívocamente titulo estas líneas, sino Monsieur Drop, por su hazaña de abril de 1960 frente a unos voluntariosos irlandeses, a los que colocó tres drops consecutivos, marca que fue un hito en el Torneo hasta que su alumno Lescarboura en 1986 y Didier Camberabero en 1990 la igualaran. No se le debía dar mal el tercio de patear a bote pronto, ya que en el tradicional campeonato Yves Du Manoir había pasado cuatro en el mismo partido, no importa el rival, dos con la izquierda, dos con la derecha, y dos semanas después de los que endosó a los célticos, volvió a pasar dos frente a los italianos (que sí, que siempre han ido un pasito por delante en eso de sus contactos con Federaciones mayores) de nuevo en el Stade de Colombes. Curiosa esa habilidad para quien llevaba plantillas especiales en su calzado "civil" por sufrir de una grave deformación del arco plantar de cada pie. Nadie lo diría viéndole en acción y su palmarés, con victoria sobre los Springboks el 25 de julio de 1964, en Springs (6-8 para Francia), para compensar aquella derrota que sufrió ante Rumanía en junio de 1960 en el estadio del Dinamo de Bucarest, ante 55.000 aficionados (no, Ceaucescu no los llevaba a la fuerza, y es que los dacios también tienen constumbres que preservar).



Aquel día frente a Irlanda jugaron por Francia: Vannier como zaguero; Dupuy y Rancoule como alas; Boniface y Bouquet, centros; Albaladejo, apertura; Lacroix, medio de melé; Domenech, De Gregorio y Roques en la primera línea; Larrue y Mommejat en la segunda línea y Monclá, Crauste y Celaya en la tercera. Casi todos de los Departamentos más próximos a España, una generación que va desapareciendo, pero que sembró y vió crecer recio y vigoroso un rugby que a veces se permite el lujo de ganar a los Leviathanes del Pacífico Sur. Por algo será.

jueves, julio 02, 2009

Nostalgia y algunos amigos




A algunos de los retratados los conocí en los últimos 60 y con algunos todavía tengo trato. Geniales. Unos cuantos merecerán algunas líneas aquí.