martes, junio 30, 2009

El General


Hará tres meses que me sorprendió un relato de ficción que un tal Tarquino publicó en este rincón más allá de la razón que es esta gaceta que Uds. leen. Sin embargo mis remordimientos son tantos y mi soberbia tamaña que al poco lo olvidé. Hasta que vi, atónito, que el etrusco reincidía y narraba con agilidad sucesos que alguien me contó, en La Española, sesenta o setenta años antes de mi muerte.

Porque yo estuve en Santo Domingo cuando lo de Pedro Santana y la temporal vuelta de la isla al corral que era el reino de la rijosa Isabel. Aquello fue un disparate, pero mantuvo entretenidos a espadones en ciernes, esos que poco después venderíamos juramento y honor por chapotear en la política del malhadado país.

Pero no les voy a hablar de eso, que a nadie importa, sino de la causa de mi condena a las calderas de Pedro Botero, que no fue otra que mi ocurrencia simple y nefasta de reconcentrar a los rebeldes cubanos cuando quisieron acabar con la secular hermandad con las provincias de España, siendo yo Capitán General de la isla caribe. Siempre me tuve por liberal y alejado de beaterías, zarandajas y tonsuras que tanto daño hicieron al bienestar de España desde tiempos de la Santa Hermandad, pero con la edad fui temiendo por mi alma y con justo temor al fin. Así que mis humor áspero y conversación agria del final de la Restauración tenía fundamento, que mi tiempo había pasado y terminaba en derrota oscura. Bien lo debían saber las comadres que con horror me miraban durante mis últimos paseos arriba y abajo de los bulevares cercanos a mi casa de Areneros, y eso que sólo me veían como el diminuto generalito que fue y que, olvidado, rezongaba su enfado sin consideración por la calidad o género del destinatario. Porque si bien disfruté honores en vida, los bandos de enero de 1896 y algunos sucesos personales que esos acontecimientos produjeron, me vinieron a acabar.

Y es que la hambruna que padecieron los concentrados, las enfermedades que les azotaron y el odio en que se tornó la desafección dejaron en mí, cierto que no entonces, un poso de fatalidad que se despertó con la sorda inquina y rechazo de mi hija, a la que hice contemplar la ejecución de su rebelde enamorado.

Tres cuartos de millón de muertos dicen algunos, un millón dicen otros. Que no sé como los cubanos tienen trato en vuestro tiempo con españoles. Y cuántas veces me han echado en cara ser el inventor de tan monstruosa forma de represión, que copiaron los ingleses para sus boers y los alemanes para judíos y cualquiera que se opusiera a sus delirios, aunque he de decir en mi descargo que Sheridan lo ensayó en la Guerra Civil Norteamericana. Bien los he conocido, a unos y otros, en los recodos más turbios del Infierno, donde nos juntamos los genocidas y disputamos, para pasar el rato, sobre la oportunidad de las medidas que tomamos. Aunque aun allí hay atisbos de lógica y a los del idioma restallante y cuellos porcinos los enviaron a todos a una región más recóndita del Hades, ya que a decir de Azazel, uno de los demonios con que tengo más trato, ellos buscaban deliberadamente la muerte de sus prisioneros, mientras que ingleses y españoles sólo la consentíamos. Además, lo suyo duró más y hubo de ser peleada la mayor guerra de la Historia, mientras que lo nuestro cesó por decisión propia.

Así que lo de Montjuic unos años más tarde, que ya habíamos perdido Cuba y Filipinas frente al yankee y en parte yo les di motivo, fue cosa de nada tras unos tiroteados aquí y allá, y alguna ejecución sumarísima. De modo que no hizo falta ejecutar lo que prometí ("a mí me da igual decir aquí está Barcelona o aquí estaba Barcelona: que cesen los disturbios").

Ya nadie me recuerda por mis tres ministerios, ni por mi gobierno en Canarias, ni por mi reforma de las ordenanzas y mejora de las condiciones de la tropa, ni por mi feroz enemistad y oposición al generalón Primo de Rivera. Lo merezco. Mi pobre entierro, sin honores y olvidado del necio monarca, fue tránsito fugaz para las penas que ahora cumplo.

(Nickjournal, 30-6-2009)

viernes, junio 26, 2009

No se engañen


Hace unos días me encontré con un viejo amigo, hoy brillante hombre de negocios y poseedor de varios títulos y postgrados universitarios (filología hispánica como nota colorista entre lo de negocios y comercio, pero su favorito declarado) que se mueve por el ancho mundo como lo hacen los que no temen ni al cambio ni las oportunidades que de él surjen. Llevaba instalado en Taifas unos años (es inglés) y aunque crítico como lo suelen ser los de la Pérfida Albión aunque nos quieran bien, mantenía que las oportunidades que a mediados de la década pasada se plantearon a los españoles, eran suficientemente prometedoras como para establecer uno de sus cuarteles en estas latitudes y ver las cosas con una perspectiva diferente. Le fue bien al principio, venía rendido con ese enamoramiento romántico de quien no conoce un país más que por algunos viajes esporádicos y por los libros, y estaba dispuesto a no objetar frente algunas particularidades más o menos extravagantes, lo que, decía, no sería adecuado viniendo de alguien de su nacionalidad. Sin embargo, me dijo, desde 2003 se mostraba escéptico y distante. Hacía dos años que no sabía de él. Nos vimos en la estación de Sants, en Barcelona, unos minutos, y me anunció su marcha definitiva. Los años del Malvado Sonriente habían sido demasiado para su sentido de la decencia (intelectual, añadió, siempre reacio a criticarnos en demasía), después del delirio del Soberbio Políglota en su segundo mandato. Como no había tiempo para más, me prometió un correo de despedida. Les ahorro la parte personal y les transcribo sus amarga reflexión. No querría estar de acuerdo.

"Se transmite peligrosamente y sin crítica en contrario. Es un tópico manido y falso: "aquí se vive mejor que en ningún sitio". Numerosos propagandistas voluntarios e inconscientes, esos que desconocen los mecanismos del pensamiento independiente, proclaman las bondades mendaces de gentes agrias, serviles, soberbias, orgullosas de sus adhesiones mal pagadas y reacias al cumplimiento de (cualquiera) ley. El cuadro es desolador, las clientelas pretenden limosna suficiente para un pasar mortecino y narcotizado y aunque se intuyen estafadas por sus benefactores, prefieren el acomodo gris. Y no advierten al propagar esa necia loa a su ombligo que nunca ha sido verdad, que la comunidad política no existe, que el tribalismo cerril impide la aceptación de las más sencillas normas de convivencia y que, detrás de la jauria que copa los presupuestos de las múltiples administraciones, el empujón, la trampa, la desidia y la ignorancia marcan su destino. El peatón temerario que cruza con el semáforo en rojo e increpa al conductor que le evita a duras penas; el conductor que tiene a gala quebrantar la condena de privación del permiso de conducir que un juez dictó; el juez que instruye con tan escaso celo o pericia que los magistrados que juzgarán el asunto no podrán emitir una resolución ajustada a la realidad de los hechos; los magistrados que permiten que se contravenga el procedimiento y sea anulada la resolución condenatoria por defecto formal que daba con los huesos en prisión de un asesino confeso y reincidente sin que el órgano de gobierno de ese Poder del Estado vaya a exigir responsabilidades ejemplarizantes; el Gobierno (y léase todas las instancias de poder, incluido en nominal legislador ya apéndice del ejecutivo) para las que su dominio se ha convertido en un fin en sí mismo para su encumbramiento y control de los adocenados ciudadanos y por fin los ya súbditos de una patitocracia embrutecidos e hipnotizados que se conforman con la deglución de consignas y píldoras anestesiantes de sus deformadas conciencias.

(...)

Mirad a vuestro alrededor. Como decimos los anglosajones "every man for himself". Se os hunde el barco. Torcisteis el camino y os costará dos o tres generaciones recomponerlo. Si podéis. Yo me voy. Pero no me busques en mi país".


lunes, junio 22, 2009

Ocaso

vickery

Ha servido bien. Merece los galones que luce. Sin embargo, llega la retirada. Debutó en 1998 frente a País de Gales, en una época de transición para los ingleses, que habían dominado la mitad de los 90 y andaban desorientados, a pesar de que ya contaban con sujetos como el primera línea de origen cornuallés nacido en Barnstaple, o con Jonny Wilkinson. La verdad es que el grupo formado en aquel año se curtió en una desastrosa gira por Australia en la que fueron literalmente laminados por los Wallabies por 76-0 en Brisbane o el 64-22 frente a unos All Blacks casi juveniles en Dunedin. Lo superaron y con los vaivenes propios de los avatares del rugby internacional, llegaron a ganar el Mundial de 2003, ya saben donde. Pero el tiempo corre y aunque el espríritu no merma y la voluntad persevera, los huesos se quiebran y la espalda se dobla. Es tiempo de pasar a la retaguardia, como su mentor Rowntree, el duro antecesor de Phil Vickery.

El sábado fue sustituido al poco de comenzar la segunda parte. Venía confiado por su desempeño en los partidos anteriores de la gira, pero fracasó. Su juego fue desastroso. En cada melé cedió esos centímetros vitales que permiten al prop-forward asentarse y atacar antes de cada introducción; cada embite de Tendai "La Bestia" Mtawarira le desequilibró, le comprimió como nunca habíamos visto, le desfondó hasta el dolor, le derrotó.

Fue un lucha titánica: la del viejo delantero que advierte un día que ya no puede, frente al joven león que se regodea en el ventajoso combate. Porfió, se revolvió, aguantó mientras fue posible, pero probó el pasto y se vió impotente. Sólo el respeto debido a su largo historial impidió a McGeechan, el gurú, sustituirlo antes del descanso. Respeto a un veterano aun a riesgo de ceder tres o seis puntos más. Habrá quien no lo entienda en los tiempos que corren, donde sólo los balances y cuentas de resultados importan. En el pasillo que conduce a los vestuarios del antiguo Kings Park Stadium de Durban el escocés y el inglés cruzaron una mirada. Vickery sabía que iba a ser sustituido pero no contaba con que el escocés de Leeds iba a atenerse rigurosamente al viejo código de precedencia y valor que preserva la dignidad del lugarteniente fiel que se entregó igual en Isandhwana y en Rorke's Drift, y que le permitió salir del campo de honor por su propio pie. Afortunadamente para él antes de que la trituradora Bokke avanzara 55 metros en un rolling maul perfecto que llevó a los africanos cerca de la marca roja para anotar un gran ensayo.



Lejos queda la gloria de 2003 y la decepción de 2007. Si alguien puede recuperar al gladiador herido ese es McGeechan, pero Vickery sabe que el ocaso ha llegado. Es tiempo de guardar la casaca roja.

viernes, junio 19, 2009

Nullum est iam dictum quod non dictum sit prius.

No caben responsabilidades colectivas. Jamás. Precisamente ese es uno de los principios que nos distinguen de los que se amparan en legendarios derechos históricos y en hacer de presuntos sujetos colectivos depositarios de los mismos. Escuchar a los nuevos responsables de la cosa pública vasca su discurso lastimero y aparentemente contundente resulta tedioso. Esperaban el suceso, algo que todos sabíamos se iba a producir antes o después, y tenían preparadas palabras tantas veces repetidas, extraídas de la carpeta de "repulsas y condenas", ahora por delante de la de "diálogo y paz". Hablan de "violentos" y se inflan ante los micrófonos con declaraciones huecas. Convocan a conmilitones y vecinos para guardar un silencio inquieto que se romperá con esos ridículos y extemporáneos aplausos tan propios de quienes desconocen hasta las más sencillas formas de contención y respeto ante la muerte. No aprovecharán la ocasión que se les brinda. Guarden silencio y acostumbren a los ciudadanos de aquella Comunidad Autónoma al imperio de la Ley. Limpien los engranajes de la Justicia, corroídos por el miedo y apliquen los medios del Estado para investigar, detener, juzgar y condenar a los responsables. Sufran su pena y sean privados del trato privilegiado de que han venido disfrutando.

La Fiscalía podría empezar por investigar las denuncias de los mandos de la Policía de la Comunidad Vasca relativas a las órdenes de no actuar contra terroristas y colaboradores. Hay todo un abanico de tipos penales previstos para esas conductas.

¡Ah! que los que ordenaron ese proceder son militantes de un partido útil para el gobierno de unos y otros y que conserva una amplia porción del poder. Partitocracia. Omertà.

Nullum est iam dictum quod non dictum sit prius.

miércoles, junio 17, 2009

La Bundeswehr, los aliados y Afganistán

¿Dónde ha quedado el espíritu prusiano? ¿Qué se ha hecho de la disciplina y la tradición?

Gordos, quejicas y acomodados, dice el Times.

Querellas internas entre aliados, parece. Que unos combaten y se la juegan y otros andan por la zona de excursión. No sé que crédito merecerá el artículo del sesudo diario londinense, que en tan mal lugar deja a hijos de cuados y marcómanos. Sí sabemos que los nuestros andan pegando tiros sólo cuando es inevitable, mientras hacen encaje de bolillos para ajustarse a las órdenes de respuesta limitada o reglas de combate que les imparten, no sea que pierdan el espíritu de ONG con que pajines y chacones quieren infectar al Ejército.


Dermocristianos

Brillante lapsus linguae. Brazil dixit, entre churros. Aplíquese a quien proceda.

martes, junio 16, 2009

Precedencias


Monday 30 September 1661. Samuel Pepys' Diary.


This morning up by moon-shine, at 5 o’clock, to White Hall, to meet Mr. Moore at the Privy Seal, but he not being come as appointed, I went into King Street to the Red Lyon to drink my morning draft, and there I heard of a fray between the two Embassadors of Spain and France; and that, this day, being the day of the entrance of an Embassador from Sweden, they intended to fight for the precedence! Our King, I heard, ordered that no Englishman should meddle in the business,1 but let them do what they would. And to that end all the soldiers in the town were in arms all the day long, and some of the train-bands in the City; and a great bustle through the City all the day. Then I to the Privy Seal, and there Mr. Moore and a gentleman being come with him, we took coach (which was the business I come for) to Chelsy, to my Lord Privy Seal, and there got him to seal the business. Here I saw by day- light two very fine pictures in the gallery, that a little while ago I saw by night; and did also go all over the house, and found it to be the prettiest contrived house that ever I saw in my life. So to coach back again; and at White Hall light, and saw the soldiers and people running up and down the streets. So I went to the Spanish Embassador’s and the French, and there saw great preparations on both sides; but the French made the most noise and vaunted most, the other made no stir almost at all; so that I was afraid the other would have had too great a conquest over them. Then to the Wardrobe, and dined there, end then abroad and in Cheapside hear that the Spanish hath got the best of it, and killed three of the French coach-horses and several men, and is gone through the City next to our King’s coach; at which, it is strange to see how all the City did rejoice. And indeed we do naturally all love the Spanish, and hate the French. But I, as I am in all things curious, presently got to the water-side, and there took oars to Westminster Palace, thinking to have seen them come in thither with all the coaches, but they being come and returned, I ran after them with my boy after me through all the dirt and the streets full of people; till at last, at the Mewes, I saw the Spanish coach go, with fifty drawn swords at least to guard it, and our soldiers shouting for joy. And so I followed the coach, and then met it at York House, where the embassador lies; and there it went in with great state. So then I went to the French house, where I observe still, that there is no men in the world of a more insolent spirit where they do well, nor before they begin a matter, and more abject if they do miscarry, than these people are; for they all look like dead men, and not a word among them, but shake their heads. The truth is, the Spaniards were not only observed to fight most desperately, but also they did outwitt them; first in lining their own harness with chains of iron that they could not be cut, then in setting their coach in the most advantageous place, and to appoint men to guard every one of their horses, and others for to guard the coach, and others the coachmen. And, above all, in setting upon the French horses and killing them, for by that means the French were not able to stir. There were several men slain of the French, and one or two of the Spaniards, and one Englishman by a bullet. Which is very observable, the French were at least four to one in number, and had near 100 case of pistols among them, and the Spaniards had not one gun among them; which is for their honour for ever, and the others’ disgrace. So, having been very much daubed with dirt, I got a coach, and home where I vexed my wife in telling of her this story, and pleading for the Spaniards against the French. So ends this month; myself and family in good condition of health, but my head full of my Lord’s and my own and the office business; where we are now very busy about the business of sending forces to Tangier, and the fleet to my Lord of Sandwich, who is now at Lisbon to bring over the Queen, who do now keep a Court as Queen of England. The business of Argier hath of late troubled me, because my Lord hath not done what he went for, though he did as much as any man in the world could have done. The want of money puts all things, and above all things the Navy, out of order; and yet I do not see that the King takes care to bring in any money, but thinks of new designs to lay out money.



"Ninguna antipatía más decantada que la de Franceses, y Españoles. Tanto han ocupado los ánimos la persuasión de la congénita discordia de las dos Naciones, que aun cuando dispuso el Cielo que la Augusta Casa de Francia diese Rey a España, muchos pronosticaban que nunca se avendrían bien. De hecho aun después por algunos años experimentamos los funestos efectos de esta aversión. Empero es cierto que no dependía el encuentro de alguna oculta disimbolización de corazones, causada por el arcano influjo de las estrellas; sí solo de que aun estaban recientes las heridas recibidas en la próximas guerras". (Feijoo, Teatro Crítico Universal, Tomo II, Discurso Nono.)


No deja de sorprender que los españoles fueran tan amados por los ingleses, por más que se escribieran esas líneas en la época de la restauración de los Estuardo, al poco de la exhumación y "ejecución" del cadaver del Lord Protector. Más bien interesada memoria del observador, que traduce la disposición de la todavía periférica Corte de St. James en la disputa continental entre la emergente Francia y la declinante Monarquía Hispánica. Combate feroz que tenía un capítulo menor entre las representaciones diplomáticas del Cristianísimo y del Católico allí donde podían. El asunto no deja de parecer hoy tragicómico, pero la reputación no sólo era tenida en su justo valor por los españoles, pues los franceses se empeñaban en la contienda con denuedo y tesón. En el episodio que narra Pepys fueron los españoles de Londres, que no dejaban de tener presente la labor de Gondomar en el reinado del abuelo del Jacobo de turno, los que llevaron la mejor parte. Es de suponer la sorpresa del embajador sueco, a quien se recibía, cuando estalló la refriega a su alrededor, saldada con cuarenta heridos y doce muertos, incluido un espectador que recibió un tiro en la cabeza. (Manca finezza, hubiera dicho Olivares padre, durante su embajada en Roma: recuérdese su original uso de la acústica y la artillería.)

Luis Tobio Fernández, escritor y diplomático español exiliado en 1939, fue un gran conocedor de la cuestión. Sus estudios sobre Gondomar son más que notables y en ellos no podía faltar capítulo dedicado a las precendencias.


martes, junio 09, 2009

The days that we've seen...


SIR JOHN FALSTAFF
We have heard the chimes at midnight, Master Shallow.

MASTER ROBERT SHALLOW
That we have, that we have, that we have; in faith,
Sir John, we have: our watch-word was 'Hem boys!'
Come, let's to dinner; come, let's to dinner:
Jesus, the days that we have seen! Come, come.

...

viernes, junio 05, 2009

Tascas I


Auguro escasas lecturas, y no es que presuma que otros días haya más, pero es que hoy es día de elecciones e imagino a todos los habituales madrugando para cumplir con su deber ciudadano. Para eso, exactamante para eso, les quiere la tropa al servicio de los partidos. Y para el pago de impuestos y la redistribución consecuente que haga que el acto del voto se oriente adecuadamente, a saber, yo te subvenciono, tu me votas. El espíritu de Romero Robledo todo lo infecta. Sea. El pueblo soberano lo quiere y la ley de la mayoría lo impone y el que no esté conforme que huya del mundanal ruido.

Y por si quieren seguir mi consejo, comiencen el retiro satisfechos de buen yantar y mejor beber. No es barato, como casi todo lo bueno, pero la inversión lo merece. En el nº 14 de la c/ Menorca, en Madrid, encontrarán la muy notable Taberna Laredo. Pocas mesas y reserva necesaria con unos quince días de antelación si pretenden cenar en fin de semana. En la barra se picotea estupendamente y los caldos son una selección de la amplísima oferta servida en las mesas: excelentes. Incluye la bodega un variopinto muestrario de cavas (el Agustí Torrelló Kripta o el Gramona Argent); champañas tanto de grandes bodegas de todos conocidas como de pequeños productores (el Pascal Doquet de 1996 que probamos por expreso consejo del sumiller es todo un descubrimiento); blancos de Rueda (el Belondrade y Lurton de 2005, el vino de verdejo que goza de la elaboración borgoñona que el fundador de la bodega ha trasladado a la reseca Castilla) o los Somontanos de Enate y Viñas del Vero; y los tintos de cada una de las taifas del reino, de los que anteayer degustamos un Méntrida Arrayán Ensamblaje 2002 (bodega que les recomiendo muy vivamente) y más de aquí y de allá (sobre todo de Borgoña, que quedan para otro día).

Un lugar para volver una y otra vez, y acompañar los caldos con viandas como el solomillo de ternera con foie y reducción de oloroso o los lomos de sardina marinada con confitura de tomate, los gnocchi con almejas o el atún rojo con cebolla caramelizada (atención que las almadrabas han cerrado ya esta temporada). De postre, con un tiramisú, pídanse el Pedro Ximénez Sacristía de Romate.

En fin, para olvidarse de las elecciones y la casta depredadora que ¿paga? sus facturas a costa de la gleba.

miércoles, junio 03, 2009

Discursos y discursos



"In the twenty-second month of the war against Nazism, we meet here in this old Palace of St. James's, itself not unscarred by the fire of the enemy, in order to proclaim the high purposes and resolves of the lawful constitutional governments of Europe whose countries have been overrun, and we meet here also to cheer the hopes of free men and free peoples throughout the world.

Here before us on the table lie the title deeds of ten nations or states whose soil has been invaded and polluted and whose men women and children lie prostrate or writhing under the Hitler yoke.

But here also, duly authorized by Parliament and the democracy of Britain, are gathered the servants of the ancient British monarchy and the accredited representatives of the British dominions beyond seas of Canada, Australia, New Zealand and South Africa, of the Empire of India, of Burma and of our colonies in every quarter of the globe. They have drawn their swords in this cause. They will never let them fall till life is gone or victory is won.

Here we meet while from across the Atlantic Ocean the hammers and lathes of the United States signal in a rising hum their message of encouragement and their promise of swift and ever-growing aid.

What tragedies, what horrors, what crimes has Hitler and all that Hitler stands for brought upon Europe and the world! The ruins of Warsaw, of Rotterdam, of Belgrade are monuments which will long recall to future generations the outrage of unopposed air bombing applied with calculated scientific cruelty to helpless populations. Here in London and throughout the cities of our island and in Ireland there may also be seen marks of devastation. They are being repaid and presently they will be more than repaid.

But far worse than these visible injuries is the misery of the conquered peoples. We see them hounded, terrorized, exploited. Their manhood by the million is forced to work under conditions indistinguishable in many cases from actual slavery. Their goods and chattels are pillaged or filched for worthless money. Their homes, their daily life are pried into and spied upon by the all pervading system of secret political police which, having reduced the Germans themselves to abject docility, now stalks the streets and byways of a dozen lands. Their religious faiths are affronted, persecuted or oppressed in the interest of a fanatic paganism devised to perpetuate the worship and sustain the tyranny of one abominable creature. Their traditions, their culture, their laws, their institutions, social and political alike, are suppressed by force or undermined by subtle, coldly planned intrigue.

The prisons of the continent no longer suffice. The concentration camps are overcrowded. Every dawn German volleys crack. Czechs, Poles, Dutchmen, Norwegians, Yugoslavs and Greeks, Frenchmen, Belgians, Luxemburgers make the great sacrifice for faith and country. A vile race of Quislings-to use a new word which will carry the scorn of mankind down the centuries-is hired to fawn upon the conqueror, to collaborate in his designs and to enforce his rule upon their fellow countrymen while groveling low themselves. Such is the plight of once glorious Europe and such are the atrocities against which we are in arms.

Your excellencies, my lords and gentlemen, it is upon this foundation that Hitler, with his tattered lackey, Mussolini, at his tail and Admiral Darlan frisking by his side, pretends to build out of hatred, appetite and racial assertion a new order for Europe. Never did so mocking a fantasy obsess the mind of mortal man.

We cannot tell what the course of this fell war will be as it spreads, remorseless, through ever wider regions.

It will not be by German hands that the structure of Europe will be rebuilt or union of the European family achieved. In every country into which the German armies and Nazi police have broken there has sprung up from the soil a hatred of the German name and contempt for the Nazi creed which the passage of hundreds of years will not efface from human memory.

We know it will be hard; we expect it to be long, we cannot predict or measure its episodes or its tribulations. But one thing is certain, one thing is sure, one thing stands out stark and undeniable, massive and unassailable for all the world to see. We cannot see how deliverance will come or when it will come, but nothing is more certain that every trace of Hitler's footsteps, every stain of his infected, corroding fingers will be sponged and purged and, if need be, blasted from the surface of the earth.

We are here, your excellencies, to affirm and fortify our union in that ceaseless and unwearying effort which must be made if the captive peoples are to be set free.

A year ago His Majesty's Government was left alone to face the storm, and to many of our friends and enemies alike it may have seemed that our days, too, were numbered and that Britain and its institutions would sink forever beneath the verge. But I may with some pride remind your excellencies that even in that dark hour when our army was disorganized and almost weaponless when scarcely a gun or tank remained in Britain, when almost all our stores and ammunition had been lost in France, never for one moment did the British people dream of making peace with the conqueror and never for a moment did they despair of the common cause.

On the contrary, we proclaimed at that very time to all men, not only to ourselves, our determination not to make peace until every one of the ravaged and enslaved countries was liberated and until the Nazi domination was broken and destroyed.

See how far we have traveled since those breathless days of June, a year ago! Our solid, stubborn strength has stood an awful test. We are the masters of our own air and now reach out in ever-growing retribution upon the enemy. The Royal Navy holds the seas. The Italian fleet cowers, diminished, in harbor and the German Navy largely is crippled or sunk.

The murderous raids upon our ports, cities and factories have been powerless to quench the spirit of the British nation, to stop our national life or check the immense expansion of our war industry. Food and arms from across oceans are coming safely in. Full provision to replace all sunken tonnage is being made here, and still more by our friends in the United States. We are becoming an armed community. Our land forces are being perfected in equipment and training.

Hitler may turn and trample this way and that through tortured Europe. He may spread his course far and wide and carry his curse with him. He may break into Africa or into Asia. But it is here, in this island fortress, that he will have to reckon in the end. We shall strive to resist by land and sea.

We shall be on his track wherever he goes. Our air power will continue to teach the German homeland that war is not all loot and triumph. We shall aid and stir the people of every conquered country to resistance and revolt. We shall break up and derange every effort which Hitler makes to systematize and consolidate his subjugations. He will find no peace, no rest, no halting place, no parley. And if, driven to desperate hazards, he attempts invasion of the British Isles, as well he may, we shall not flinch from the supreme trial. With the help of God, of which we must all feel daily conscious, we shall continue steadfast in faith and duty till our task is done.

This then, my lords and gentlemen, is the message which we send forth today to all states and nations, bound or free, to all the men in all the lands who care for freedom's cause. To our Allies and well-wishers in Europe, to our American friends and helpers drawing ever closer in their might across the ocean, this is the message-lift up your hearts, all will come right. Out of depths of sorrow and sacrifice will be born again the glory of mankind."


Al azar, palabras de Winston Churchill, en el peor momento, durante el verano de 1941 (lo que en sus memorias llama "their finest hour").

La comparación con los nuevos iconos es desoladora. Propaganda y marketing. (¿Escribe Obama sus discursos? ¿los revisa alguien?, si no es así ¿qué clase de zoquetes le asesoran? ¿no habrá querido decir Al-Andalus -sin entrar en consideraciones al respecto, que obvio- y qué tiene que ver con la Inquisición esa alusión? ¿Sabe qué fue la Inquisición y si en la época a que alude existía? ¿se refería a la papal, a la aragonesa o a la de la época de los Reyes Católicos? porque si lo citó debería informarse, el Sr. Presidente o su amanuense o acaso lo importante sea referir el lugar común confiando en la ignorancia de la audiencia. Y los presuntos herederos de ese mítico Al-Andalus, dentro y fuera de nuestras fronteras, en éxtasis. Bravo.)



Item más: por vergüenza ajena omito referencia alguna a la ramplonería, imbecilidad y malicia que ha presidido la campaña electoral que mañana concluye. (Acontecimientos planetarios y campeonato de honradez.)

Los hombres más honrados de Taifas


Adhesiones inquebrantables, cierran filas y se proclaman los más honrados, el valenciano y el andaluz. Superlativos.
Eficaces operarios de los partidos que han ocupado el país, lo han dividido en taifas, se lo reparten y subvencionan a acólitos entretenidos. Oligarquías de costumbres sicilianas.
Pedestres dirigentes y acabado régimen. ¿Cuánto durarán las migajas?


martes, junio 02, 2009

Cantata: Johann Christoph Bach



Ach, daß ich Wassers g’nug hätte in meinem Haupte und meine Augen Tränenquellen wären, daß ich Tag und Nacht beweinen könnte meine Sünde!
Meine Sünde gehen über mein Haupt, wie eine schwere Last sind sie mir zu schwer worden, darum weine ich so und meine beiden Augen fließen mit Wasser.
Meines Seufzens ist viel, und mein Herz ist betrübet, denn der Herr hat mich voll Jammers gemacht am Tage seines grimmigen Zorns.

lunes, junio 01, 2009

Educación y sentido común

Sensatez respecto de la cuestión estratégica más descuidada, politizada e ideologizada en los reinos de taifas... que tanto sorprende a la audiencia (e incluso disgusta, a juzgar por las caras de sorpresa, claro que se trata de integrantes de la secta partitocrática, interesada justamente en la propagación de la estulticia).



Obiter dicta: lo de Paises Hispánicos es curioso, ¿se refiere a Colombia y la Argentina, o es una concesión a la audiencia del Parlament?

En cualquier caso, una brillante filóloga.

(Refiere el gran estepario Tsevanrabtán que el columnista Espada nos descubre a la autora sueca. Sea.)

Turistas

Obligada salida dominical, hace unas horas, por motivos que no son al caso. Qué panorama más desolador. Comienzan los calores y el mal gusto aflora en toda su evanescente soberbia. Tipos mal encarados y panzones disfrazados de jugadores de baloncesto con camisetas de tirantes de colores y mensajes imposibles, pero pisando fuerte. Pantalones pesqueros y chanclas de variopinto diseño, aderezadas con calcetines en el caso de que además el portador sea guiri, generalmente de habla alemana. Cónyuges de los meritados humanoides embutidas en tops que muestran lozanas lorzas más adecuadas para una contundente chacina adobada y prole vociferante e inasequible a las oraciones subordinadas, cargada de artilugios electrónicos.

Pensaba que la manida crisis acabaría con estas hordas, pero andaba yo errado. Les quedan ahorros, magros, pero ahorros, que gastan sin rubor en mesones propios de arrieros de la última francesada, que todavía haylos, sí señor.

Y todo ello mancillando las cansadas piedras de una noble ciudad castellana. Menos mal que el señor Duque de Benavente ha siglos que murió, por aquello de su afán demoledor cuando de hospedar a traidor se trataba, porque de vivir hoy, haría dinamitar entera la ciudad.

Y por cierto, qué país, donde ni las tapias de los camposantos se libran de la visita de los embadurnadores de paredes. Es que los chillones colores no pasan desapercibidos desde la autovía.

Puede que la debacle económica deje a los nuevos bárbaros en sus casas una temporada (ya verán después de septiembre), pero harán falta 20 años para acabar con la incuria del espíritu.

Huyan de los turistas. Viajen entre octubre y abril. Entre semana preferiblemente.

(La imagen no coincide con la ciudad visitada y evito herir la sensibilidad del incuato lector, omitiendo las más crudas y veraces que tenía a mi disposición, pero vale como ejemplo.)