viernes, mayo 29, 2009

Juan del Águila y Arellano, Maestre de Campo del Rey


"Señor, conózca Vuestra Merced a un hombre que nació sin miedo". Así oyó el Rey Prudente noticia del Maestre de Campo Don Juan del Águila, castellano viejo nacido en El Berraco, en Ávila, soldado de infantería española desde 1563, alférez del Tercio Viejo de Cerdeña en 1569, capitán en 1576, cuando lo de Amberes y la Furia Española, Gobernador de Diest, Tournhout y Nieuwport entre 1578 y 1584 y llamado a embarcarse en la Gran Armada contra la reina virgen en 1588. No lo hizo. Avatares de su Compañía y la oportunidad de la intervención española en un avispero le llevaron a Francia. A nadie le importa hoy, uno más de aquellos castellanos que sirvieron bien a su rey, arrumbados por memorias mendaces implantadas en conciencias muelles.

Combatió en Orán y en el Peñón de Vélez de la Gomera, en el socorro de Malta, en Córcega para nuestros aliados de la Génova de los fidelísimos Doria, y en Flandes, claro: Heilegerlee, Monk, Amberes. De los pantanos del norte a la plaza de armas de la Monarquía después del Edicto Perpétuo en 1577. Reposo italiano, pero pocos meses, que el imperial bastardo reclama los tercios desde Namur, donde habría de rendir el alma. Con el tercio de Sicilia del difunto Julián Romero, ahora al mando del Maestre General Francisco de Valdés, lo encontramos asediando Mastrique, en 1579. Vuelve a Italia con su tercio cuando cae la plaza, a la espera toda la tropa de cobrar allí sus soldadas, que los pagadores ya deben 24 meses. En Monforte se instala con su Compañía, cuando a Valdés se le nombra Gobernador de Piombino. Pero hay que viajar de nuevo: al camino otra vez, al Camino Español. En cuarenta días llega el tercio a Gante a destrozar a los franceses del Duque de Alençon, y el capitán Del Águila se gana el favor de Farnesio, y llegan las castellanías, bien merecidas y el grado de Maestre de Campo, y cobra, con sus hombres, las treinta y tantas soldadas debidas. Su gobierno no es tranquilo: la guerra larga y tediosa sigue, los calvinistas se rehacen de cada golpe y los herejes del otro lado del Canal les ayudan. Cae Amberes, y allí está el Maestre de Campo Del Águila; se ocupa la isla de Bommel y su tercio no falta; cae Grave y allí comparecen; se socorre a la guarnición española de Zupthen y son los soldados de Del Águila quienes primero rinden a los ingleses sitiadores; hay que tomar el puerto de La Esclusa y lo encontramos en primera línea. Y la aplastante rueda de la fortuna gira y el castellano cae herido un mes antes de que los rebeldes rindan la plaza, en agosto de 1587. Así que vuelve a España, a recuperarse y recibir honores. Y es entonces cuando el Habsburgo escucha la frase de Don Fernando de Toledo, Prior de la Orden de San Juan: "Señor, conózca Vuestra Merced a un hombre que nació sin miedo".

Pero los frentes de la Monarquía son muchos y Francia, abierta en canal, requiere atención, que hay derechos de Infanta española en juego y, más, de la religión verdadera. Desde Santander, donde estaba acantonado su tercio, a bordo de la Armada de Alonso de Bazán a cumplir la política del rey.

Bretaña, entonces. Muerto el mejor de los Guisa, el partido católico necesitaba más que nunca de España, pues el diminuto y rijoso Borbón tenía ahora ventaja, así que el Duque de Mercoeur pide ayuda. En Nantes desembarcan los españoles y el tercio de Del Águila, veintidós compañías, avanza sin oposición hacia el Norte, según el plan de la Junta de Guerra. Los combates se suceden en el Ducado una vez llegan los españoles y tras las batallas de Blain, Craon y Ambrières contra hugonotes e ingleses, quedan dueños de la situación. Fortifican la plaza y puerto de Blavet (para mejor conformar de Don Martín de Bertendona, que alaba mucho las posibilidades para navíos de mayor calado) y la rada de Lorient, donde levantan una sólida ciudadela: el Fuerte del Águila, y desde allí hostigan a Brest y el tráfico marítimo enemigo y se diseñan incursiones contra al isla protestante. Y se atreven a seguir ocupando y asegurando la costa bretona, y fortifican la península de Crozon, en la punta de Roscanvel y levantan un fuerte aún hoy llamado La Pointe des Espagnols. Pero el Verde Galán se convierte y entra en París, y los liguistas católicos recuerdan entonces que ante todo son franceses y que ya no necesitan españoles para sus luchas intestinas, así que sitian los reductos del tercio Del Águila por tierra y mar, coaligados con ingleses y holandeses, en 1594. Y pierden en noviembre, claro, Crozon, pero conservan Blavet y Plomordiern, y siguen hostigando a sus enemigos y llevan una escuadra depredadora hasta Cornualles, donde desembarcan doscientos arcabuceros que siembran el pánico en Penanze, Newlyn o St. Paul, y regresa la escuadra bajo el mando hábil de Pedro de Zubiaur, después de hundir dos naves zeelandesas y sufrir 20 bajas.

Blavet resiste, porque el Conde de Fuentes, desde Flandes, distrae casi todos los recursos del nuevo rey francés y sin Vervins, en 1598, hubiera continuado más tiempo en manos de aquel tercio español. Sin embargo, el Prudente busca la paz para la Monarquía, próxima al agotamiento tras cincuenta años de guerras y para su alma, y entre los términos de aquel tratado que nada resolvió entre Su Majestad Católica y el Rey Cristianísimo, estaba la restitución de lagunas plazas, entre ellas Blavet.

Felipe II muere y Del Águila regresa a España y tiene que responder a alguna malediciencia, pues Luis Cabrera asegura que había información de haberse aprovechado de la Hacienda del rey "más de lo que era justo". Demuestra su inocencia y recibe ascenso, Maestre de Campo General y nuevo destino: Irlanda, a aguijonear a Albión en su retaguardia, aprovechando a los levantiscos Tyrone y Tyrconell.

El 2 de septiembre de 1601, desde la que debió ser la capital de la Monarquía, Lisboa, zarpó la escuadra al mando del Almirante General del Océano Don Diego Brochero y con Don Juan del Águila a cargo de dos tercios y con la encomienda de tomar Cork. Ambos coinciden de nuevo después de la intervención en Bretaña y surgen otra vez desavenencias como las que llevaron a que marineros y soldados ingresaran en hospitales de campaña distintos, y además tras su juicio Del Águila muestra un genio cada vez más agrio.

Nadie debió conjurar a los elementos o las preces fueron tenues, sin duda por la impericia del arzobispo de Dublín, el sinuoso fray Mateo de Oviedo, o la justicia de la empresa poca, puesto que, como casi siempre, una tormenta separa la flota: Zubiaur pone rumbo a La Coruña y los que quedan llegan divididos, el grueso de la expedicción a Kinsale con el Maestre General y Alonso de Ocampo a Baltimore. A toda prisa fortifican dos posiciones, Ringcurran y Castle Park, pero todo se va torciendo, pues quedan sitiados por las fuerzas de Lord Mountjoy, Sir William Godolphin, y pierden la embocadura del estuario con la caida de Ringcurran. Además el socorro de Zubiaur se dispersa por la inquina de ese mar tan adverso a los ibéricos y tiene que proceder igual que la primera partida: se atrinchera en la precarias fortaleza de Castleheaven, desde donde bate a una flota inglesa que le perseguía, contra la pérdida de un galeón. Sólo entonces se deciden los ariscos y desconfiados jefecillos locales, que ya tienen noticias de su señores feudales, a prestar ayuda y juramento de fidelidad a Felipe III, y entregan para la mejor defensa los castillos de Dunboy y Donneshed. Al poco, a mediados de diciembre de 1601, los desarrapados y anárquicos refuerzos de los condes O'Donnell y O'Neill son desbaratados cerca ya de Kinsale por la caballería inglesa y de no ser por la compañía que Ocampo les enviara desde sus posiciones, hubieran perdido más de los 1.200 hombres que los ingleses despacharon esa jornada. Noventa muertos tuvieron los españoles. El Maestre de Campo General negoció una digna capitulación: los casi 2.000 españoles que quedaban en Irlanda saldrían provistos de toda su imepdimenta, armas y banderas, acompañados de cuantos irlandeses quisieran unirse a su tropa. Por esta vez, los ingleses cumplieron con los términos del acuerdo y la expedición desembarcó en La Coruña en marzo de 1602.

Amargo regreso, con detención ordenada por el Gobernador Caracena, que seguía instrucciones del Consejo de Guerra, donde el Conde de Puñonrostro dijo al rey que el abandono de Kinsale "había representado pérdida de reputación", aunque al fin se le eximió de responsabilidad al resolverse que "había obrado con prudencia y valentía", lo que casaba mejor con el historial del veterano soldado, que se afanaba en gastar los escudos sobrantes de la expedición en aposentar y cuidar a los repatriados.

Nunca supo Juan del Águila (murió en La Coruña durante su detención) que un socorro al mando de Martín de Vallecilla llegó a Kinsale dos días después de su salida de la isla, ni que el Consejo de Guerra le iba a exculpar. Como a Don Diego Brochero y al propio arzobispo Oviedo, pues aquella resolución no hacía más que salvar la honra de Lerma, que apoyó la aventura, frente a quienes, halcones de la política del gobierno pasado, preferían la intervención directa en Inglaterra.

miércoles, mayo 27, 2009

Lions de 1974

No era fácil. Ni deportivamente, caramba, que se trataba de Suráfrica, ni políticamente: lo del apartheid y que los negros apoyaran masivamente a los Lions no era consuelo. Además viajaban con la vitola de favoritos por el sabor galés de la partida, y se esperaba un peregrinaje duro y áspero. Así fue. Los Springboks se emplearon a fondo y el juego de sus delanteros devino violencia sin complejos, con la connivencia de árbitros que en aquella época no eran designados por ningún comité entre los mejores de otras Uniones. Así que el gran Willie-John McBride, el capitán irlandés veterano de anteriores giras de los Lions, tomó una decisión. En realidad fueron dos: la primera casi acaba con Phil Bennett, pues, lesionado en uno de sus pies, e imprescindible para el tercer test-match, en una jornada de asueto cervecero, fue cargado sobre las espaldas del Gran Capitán, para evitarle sobrecargas y permitirle acompañar a los festejantes, con la mala fortuna de que quedó inconsciente y casi descalabrado cuando una rama golpeó su cabeza al olvidar McBride que lo transportaba; y la segunda y más trascendente, la famosa llamada “99”. El 999 es el número de emergencias en el Reino Unido y el “99” la abreviatura de los Lions, cuyo significado será siempre recordado. Cualquiera que en un partido gritara “99” daba la orden para que cualquier Lion se abalanzara sobre el oponente más próximo, sabiendo que los árbitros no tendrían los redaños de expulsar a los quince jugadores visitantes. Es cierto que JPR Williams no debió comprender exactamente las instrucciones, pues todos le recordamos viniendo desde atrás como alma que lleva el diablo a enzarzarse en la riña tumultuaria que protagonizaban en el tercer test Gordon Brown y otros diez energúmenos. Aquello se conoció como “la batalla de Boet Erasmus” y fue ganada por los Lions, el 9 de julio de 1974, por 9 a 26, como las dos anteriores (3 a 12 y 9 a 28 respectivamente). Así que el empate final a 13 puntos del último test del 27 de julio ya era intrascendente, aunque a Ferguss Slattery le privaran de un ensayo que sí anotó.

Los Lions fueron mejores y no se sometieron a la grave intimidación con la que trataron de doblegarles los Springboks, y por eso prevalecieron. Cuestión de carácter, medidas excepcionales, para ocasiones tan adversas como aquella. El rugby es como la vida, dicen mis amigos los hermanos Louveteaux, y tienen razón.

Que otro segunda línea irlandés sea capitán de la partida de este año es un buen presagio, aunque las lesiones y sanciones que van minando la selección que el incombustible gurú McGeechan hizo, no auguran más que dificultades. Ya veremos.

Mientras esperamos los partidos de la Gira de 2009, disfruten del documental de la de 1974, cortesía de Rexman.



viernes, mayo 22, 2009

Kyrie Eleison



"... el celebrante, habiendo inciensado el altar y leído el Introito del lado de la Epístola, con las manos juntas recita el Kyrie, alternando con el diácono, el subdiácono y los servidores circundantes.

En la misa rezada, el celebrante, después del Introito viene al medio del altar y allí recita el Kyrie alternando con el servidor. De esta forma, el Kyrie es dicho en cada Misa, menos en el Sábado de Gloria y en la Misa de Vísperas de Pentecostés, en donde se cantan las profecías y la letanía. En estas ocasiones, los cantores terminan la letanía cantando las nueve invocaciones del Kyrie. Después de las oraciones al pie del altar, el celebrante se pone de pie e inciensa el altar, y al mismo tiempo entona el Gloria. Pero debería decir primero el Kyrie en voz baja para sí mismo.

(...) el Kyrie aparece en reiteradas oportunidades en otros oficios del Rito Romano, siempre en la forma Kyrie Eleison, Christe Eleison, Kyrie Eleison (cada invocación una sola vez). Inicia las preces feriales en Laudes, Tercia, Sexta, Nona y Vísperas; comienza las preces en Prima y en Completas..." (Enciclopedia Católica)






(Pérdida irreparable la del rito tridentino...)

jueves, mayo 21, 2009

Episodio de la vida de un artista




Berlioz.

Música programática, precursora. Luego los alemanes y sus leit-motiv. Cierto sujeto barbudo y de ánimo estepario me dió la pista, que yo ignoraba, sobre alguno de sus movimientos y el trasunto medieval: el Dies Irae que se atribuye al franciscano Tomás de Celano.

miércoles, mayo 20, 2009

Huyan, por lo que más quieran...

Quien tenga ocasión y medios ya sabe lo que tiene que hacer. Más si tiene familia que sostener y a la que procurar un futuro (digno). Aquí no. Supuesta la alternancia que algún día volverá a acontecer (hoy no es posible con tal pánfilo al frente del principal partido de oposición), sólo cabe esperar turnos y cesantías. La maldita partitocracia que se dieron los "padres" del engendro de 1978 y que nadie se atreve, salvo "antisistema" nacionalistas, a cuestionar ("el rey no va desnudo"). El Leviathán que se alimenta a sí mismo es ya tan poderoso que todos se pliegan a él. Doblan el espinazo ante la mano que da de comer. Ocupados los resortes de las muchas administraciones, se han convertido en distribuidores de los excedentes que ya se van acabando. Pero ¿qué quieren? Es lo que merecen quienes lo toleran, al socaire de la falacia del la ¿razón? de la mayoría. Olvidan la depurada elucubración del viejo Derecho y los vicios del consentimiento. Eso es, voluntad comprada. Sociedad cautiva. Prisión gris, divertimentos ramplones y soeces diseñados contra cualquier atisbo de pensamiento libre y exacción brutal de las menguantes clases productivas. Con la complicidad culpable del entramado financiero: los mayores distorsionadores del mercado, por cierto. Caro lo pagaremos.

Si no tienen conciencia, aprovechen la ocasión, lúcrense de la mayoría torpe, la que abdica de su responsabilidad vital y se entrega al yugo estatista e intégrense en la minoría encumbrada. Si la tienen, dependerá de sus medios: abandono, melancolía o cambio de residencia.

Apocalíptico quizás. Pero es que aquí la tormenta económica se solapa con la política que, afirmo, es más grave. La tormenta perfecta. Y ayer la televisión del engendro autonómico madrileño babeando ante el borboncito que no llegará a ceñir corona. Wishful thinking hoy por hoy, pero todo se andará.

Panorama negro, negrísimo por el ancho mundo. Y aquí entretenidos en zarandajas y pamplinas electoreras, propaganda para público entregado y adoctrinado.



Los otros, fuera de juego, en el terreno que les marca el PSOE, y sin aplicarse el refrán de la mujer del César.

En cuanto al título de la entrada, lo que no puede decirles es el destino que deben elegir: yo pensaba que los EE.UU, todavía tierra de promisión y melting pot y demás tópicos, podía servir, pero, después de las previsiones de Igor Panarin, creo que se imponen Australia o Nueva Zelanda (si no fuera por lo de los derechos del simio y la previsible denuncia del Tratado de Waitangi). Y si no me creen, vean, vean...






martes, mayo 19, 2009

Rocroi


«Duró la batalla casi seis horas, peleándo(se) siempre con bravo tesón y coraje en todas partes: fue mayor el número de los muertos, sin duda, en el campo de los franceses que en el nuestro. Murieron el conde de Villalba, que mandaba un tercio de infantería, y el maese de campo don Antonio de Velandia, peleando como buenos caballeros y cumpliendo enteramente con las obligaciones de su sangre. Quedó preso el conde de Garciez y su tercio quedó entero; pidiéndole que se rindiese no quiso, volviendo las caras á todas partes que eran acometidos, que eran españoles. Y los franceses, por no poner en duda la victoria y que mudase semblante, como se mudó al principio para nosotros, y respetando y recociendo (a) la nación, les ofrecieron cuartel y capitularon les darían paso, carruaje y bastimentos hasta Fuenterrabía. Con que no pelearon porque todo estaba acabado y, cumpliéndoles lo asentado, vinieron hasta allí. Este tercio se creyó poderle traer este año para la guerra de Cataluña, porque el Rey Católico a la sazón estaba en Zaragoza y envió órdenes para hacerlo; pero ellos se derramaron, se fueron a sus casas y domicilios y otros tomaron otros derroteros. Los tercios de españoles anduvieron tan valerosos que hallándose cercados y perdidos, quisieron, por no dejar el puesto, perder antes la libertad o la vida: el último que quedó en la campaña fue el tercio del duque de Alburquerque, y embistiéndole por los cuatro costados todo el poder del enemigo, sin embargo le rechazó (cosa extraña y pocas veces oída), que no atreviéndose a pasar adelante, temiendo que no se mudase la fortuna, enviaron un coronel de paz a pedirles se rindiesen; y después de haberlo realizado el tercio del duque de Alburquerque, al fin, como se veía solo y perdido, se rindió con pactos en campaña rasa, como si fuera sobre plaza fuerte: solo quedó el desconsuelo de que en esta pérdida y rota, éstas reliquias quedaron vivas en poder del enemigo para poderlas esperar después en el ejército, o rescatados o fugitivos: eran estos al pié de más de 3.000 hombres; 1.700 se hallaron después o se pudieron juntar en la plaza de armas, escapados con industria». Matias de Novoa, Cronista y ayuda de Cámara del rey Planeta, 1643.

Un 19 de mayo de 1643 fue el suceso, magnificado por las fuentes francesas (cómo no) y pasado el tiempo, y frente a la evidencia, asumido como lugar común por tirios y troyanos. Que fuera una derrota no es discutido, no la primera por cierto, sino que lo fuera del calibre que pretende la engolada historiografía francesa. Ni batieron a la infantería, que obtuvo términos de capitulación insólitos, ni la caballería de Alburquerque perdió la jornada. Fuentes hay para el lector interesado, que no habrá muchos, para asomarse a la verdad. Que a los españoles de hoy les importe quienes fueron y qué hacían por la Picardía y la Champaña es más improbable. Desde luego a la casta política no, empeñada en ocultar todo referente, para mejor domeñar a los adocenados, aburrir a los tibios y expulsar a los críticos. Van ganando.

Algunos, sin embargo, no queremos olvidar, ni lo bueno, ni lo malo. Pasé por Rocroi hace ahora nueve años. Hay recuerdo de la jornada, francés naturalmente, no malo, pero al aire oficial, el que comenzara Renoudot, en el nº 65 de La Gazette, de 27 de mayo de 1643 (propaganda de guerra), siguiera La Moussaie, continuara Lénet (Presidente del parlamento de Dijon y Consejero de Estado que negociara la Paz de los Pirineos con don Luis de Haro) y consolidaran en el siglo XIX Cousin y el Duque de Aumale (frente al escepticismo de alguién más solvente como era Michelet). De nada ha servido el esfuerzo de quienes han desenterrado los legajos que revelan las fuentes primeras de la batalla, los testimonios de Alburquerque, de Galeazzo Gualdo Priorato, del Teniente General de la Caballería Juan Pérez de Vivero, que relató como Cristóbal Berrio de Barrionuevo ganó la artillería francesa, del Licenciado García Illán, Proveedor General del ejército de Flandes:

«En este momento acabo de llegar de Mons, adonde deje a nuestro ejército que se va recogiendo de diferentes partes, y entre caballería e infantería tendremos hoy 15.000 hombres, porque aunque la pérdida de Rocroy ha dado grande estampido, ha sido mucho menos de lo que se imaginaba, porque se salvó toda la caballería enteramente y tres tercios de italianos que hicieron las espaldas al bosque, y solamente llegará el número de los muertos de 3 a 4.000 hombres, y a 5.000 los prisioneros. De los españoles serán cerca de 1.000 [los muertos] y otros 2.000 prisioneros; y ha sido tan grande el valor con que estos pelearon que obligó al Francés, estando con su ejército victorioso, a ofrecerles cuartel y capitular la forma del, estando aun en la batalla, cosa que no se ha visto jamás. La desgracia nuestra fue que, conociendo el enemigo que a las diez del día se nos había de juntar el ejército del barón de Beque nos embistió a la mañana, y cuando llegó el barón de Beque sobre una colina, sirvió de que el enemigo no siguiese a los nuestros, y que se salvase la mayor parte»

O el jesuita Sebastián González, que escribía en julio de 1643:

«Han llegado a Vizcaya 3.000 españoles que fueron los que capitularon en Campaña cuando la rota de D. Francisco de Melo. Estos se retiraron a un bosque, donde los cercó el francés después de la victoria sobre Melo, y les envió un trompeta para que se rindiesen. Ellos respondieron que dos tercios de españoles no se rendían; que querían morir peleando. Empezose la pelea, y duró un día entero, y viendo el francés (que) recibía grande daño su gente, les envió otro trompeta ofreciéndoles partidos que aceptaron, y sacaron por condición se les había de dar paso franco por Francia para venirse a España con banderas tendidas y cajas y sus armas. Todo se lo concedieron y a tener que comer creo que no aceptaran partido y que según estaban de desesperados acabaran con los franceses. Hánles hecho muy buen agasajo en toda Francia, admirando su valor y constancia y que jamás se había visto en campaña capitular unos pocos cercados de un ejército victorioso, y sin tener que comer salir con tan honradas condiciones».

O Pellicer por terminar con los contemporáneos, antes de citar a Vincart, Fernández Duro o el mismo Cánovas del Castillo. Para dejar las cosas en su lugar, que fue victoria francesa, pero pírrica y pusieron la mayoría de muertos. Que siguió a Honnecourt en 1642, donde La Férte fue batido en toda regla y precedió a Valenciennes, con Condé del lado Habsburgo, en 1656. Que la Monarquía estaba agotada y la política de reputación y sostenimiento de Flandes fracasada, pero mal que pese a ignorantes deliberados y abducidos dóciles, la Historia no se cambia.

lunes, mayo 18, 2009

Malaparte

Cambió su nombre en un vano intento de hacerse italiano, pero fue una burla. Otra más en una vida plena de bandazos, peligro, despropósitos y disidencia. Su madre era lombarda y su padre sajón. Como Kurt-Erich Suckert figuraba el voluntario garibaldino en la Legión Extranjera francesa en el Somme. Italia neutral los primeros meses de la Gran Guerra y el sujeto, con 16 años, se alista, en un primer quiebro insólito para el estudiante del Liceo Cicognini mantenido por los modestos campesinos que se hicieron cargo del abandonado medio alemán. A los boches tanto les daba el origen del sujeto, así que los gases del frente no le perdonaron y parece que se acaba esa guerra para el joven Suckert, aunque aún volvió al frente, pero en el Regio Esercito luciendo sus bien merecidas condecoraciones francesas, en un regimiento alpino, para matar austríacos. De ello no habla mucho. Prefiere, quizás para obviar la narración de sucesos poco afortunados para su tropa y de duelos y lances de juego poco convenientes, llevarnos a sus andanzas diplomáticas: en la Polonia de Pilsudsky y Haller y Witos y la invasión roja, en la Varsovia de octubre de 1920 cuando sólo la misión italiana y la pontificia evitan la huida a Czestochowa, cuando los desarrapados de Budienny entran en el barrio varsoviano de Praga. Allí conoce a Weygand y a De Gaulle, y contra la historiografía francesa atribuye el éxito al viejo legionario del ejército austrohúngaro Joseph Pilsudsky. Los acontecimientos le servirán para un primer capítulo del libro que publicó Grasset en París en 1931 y que le valdría enemistad con el Duce: “La técnica del Golpe de Estado”. Pero eso será después de lo de la Marcha sobre Roma de 1922, cuando ya se ha hecho fascista y de los radicales del ala izquierdista (es un decir) y funda el diario La Conquista dello Stato, cuya cabecera habría de copiar Ledesma Ramos en otro país. En 1925 deja de ser Suckert. Se llamará Curzio Malaparte, para acabar bien, al contrario que el corso que tan mal terminó, le dice a Mussolini. Pero ya le censuran libros, que no coinciden con la exaltación hiperbólica de las virtudes patrias: “Viva Caporetto” y “La Revuelta de los santos malditos”. En 1929 publica un opúsculo (“Don Camaléon”) contra los Pactos de Letrán, que provoca su amable expulsión de Roma con el encargo de dirigir La Stampa turinesa. Pero sigue rumiando su desencanto y además de abandonar la activa militancia fascista decide establecerse como corresponsal entre Londres y París. Ya dijimos que publica “La técnica del golpe de Estado” en francés, lo que no evita una condena a cinco años de confinamiento interno, cuando, orgulloso, obedece la orden del Duce de regresar para responder por sus críticas. No pena mucho en su exilio interior, pues cuenta con la protección del Conde Ciano. La obra, que según Malaparte es meramente descriptiva, se vende muy bien aunque fuera prohibida en los dominios de los dictadores fascistas. Al italiano le debió molestar la denuncia de su aproximación a la reacción industrial y al alemán, al que califica de “ególatra oportunista”, que los socialistas usaran el libro en sus campañas electorales, durante los estertores de Weimar.

Cumplida su condena regresó a Roma, pero marcado por el régimen (le confinarían de nuevo durante la visita de Hitler en 1938), aunque se fue manejando gracias a sus contactos y habilidad con la pluma en publicaciones como Prospettive donde tiene la osadía de dar cancha a opositores como Moravia. Claro que esa aventura termina con su nombramiento como corresponsal de guerra y adscripción a su viejo regimiento alpino, en 1939, bajo la mirada benevolente del antiguo camarada Benito, benevolencia que se va agotando cuando en 1940 aparece “Il Sole e’cieco” contra la artera y ventajista intervención italiana contra la Francia derrotada por la Wehrmacht. Así que se van acabando los privilegios y es adscrito a un escuadrón de bombardeo para la ignominiosa campaña de Grecia. Dicen que anduvo por Yugoslavia siguiendo a un batallón de limpieza de partisanos y que en Croacia colaboró con los Ustachas de Pávelic, pero no hay certeza sobre ello. En agosto de 1941 le esperaba el Frente del Este, en el Cuerpo de Ejército del General Meste, y poco después directamente en el 11º Ejército alemán, como corresponsal otra vez, y allí conoce a Himmler, a Von Manstein, al sátrapa del vertedero del Gobierno General, Gobernador Frank, a Paulus y tantos otros. De allí el material para su segundo libro más conocido, “Kaputt” (publicado en 1944 en Nápoles), y unas crónicas más bien veraces (el material del que se nutre “Il Volga nasce in Europa”, donde se narra por primera vez una matanza de judíos) que provocan su expulsión por orden de la autoridad militar alemana, y tras una breve estancia en la romana prisión de Regina Coeli de la que sale una vez más por intercesión del infeliz Galeazzo Ciano, vuelve a Rusia, a otro Frente, al de Leningrado, donde tiene ocasión de recorrer las posiciones heladas por las que maniobra y resiste una valiente tropa venida del Sur y prenda de otro dictador para evitar un capítulo más de aquella guerra. El lago Ladoga le sobrecoge con la imagen de cientos de caballos congelados antes de llegar a su orilla, metáfora del destino de las potencias del Eje en una guerra que ya sabía perdida. En 1943, desde Finlandia, pasa a Suecia y de allí a la Italia liberada, para enrolarse de nuevo pero como oficial de enlace con los norteamericanos, tras haber sido arrestado en su villa de Capri por el nuevo régimen. Con los aliados hace el resto de la campaña de Italia, y de sus impresiones y disgustos es fruto “La Pelle” (que la comisión pontificia correspondiente se apresuró a enviar al Índice), donde vuelca toda su desilusión por su país y sus compatriotas y donde testimonia su amistad con algunos invasores:

“All'affettuosa memoria del Colonnello Henry H. Cumming, dell'Università di Virginia, e di tutti i bravi, i buoni, gli onesti soldati americani, miei compagni d'arme dal 1943 al 1945, morti inutilmente per la libertà dell'Europa”.

Ese hastío de su país le lleva a establecerse en París, otra vez, donde fracasa como autor teatral en lengua francesa (“Du côté de chez Proust” y “Das Kapital”) y cineasta (“Le Christ interdit", con la que ganó un premio especial del Festival de Cine de Berlín en 1951, más bien por la mala conciencia del jurado).

Iniciados los Cincuenta otea el horizonte y da un nuevo viraje, a babor, y se declara comunista, especialmente interesado por su versión maoísta y como espíritu inquieto que es, decide viajar a China para ver cómo va el experimento, viaje que no acaba por la dolencia pulmonar que le perseguía desde la Gran Guerra, agravada siempre por su severa adicción al peor tabaco. En su agonía final, que duró cuatro meses, solicita el carnet del PCI y para alimentar una nueva polémica, abandona la fe protestante heredada de su padre sajón, y es recibido en la Iglesia de Roma. La República Popular China recibe como legado su villa de Capri, en lo que fue su última carcajada ante el Destino.

Yo leí a Malaparte hace más de veinticinco años, en un volumen encuadernado en piel de Plaza & Janés, en una edición de 1960 o 1962, que andaba por la biblioteca de mi padre y que contenía “La técnica…”, “La Piel”, “Kaputt” y “El Volga…” hoy casi una rareza. El otro día lo buscaba en los viejos anaqueles y no estaba. Mi hermano, a quien le importa un bledo el autor o lo que escribe, se lo llevó. He conseguido una edición de Planeta en la colección Blacklist, de marzo de este año, para “La Técnica…” y otro de “La Piel” publicado con una colección de novelistas contemporáneos que distribuía el diario El País, y he prometido algunas monedas de la colección familiar que tenía adjudicadas, para hacerme con el ejemplar, pero se resiste. Sin embargo, no cejaré. Estoy cerca.

jueves, mayo 14, 2009

Afortunadamente el Presidente no lee inglés...

Me consta que el resumen de prensa que descansa en la mesa de ¿trabajo? del iluminado charlatán elegido por nuestros desinformados y frívolos conciudadanos no cuenta con prensa extranjera, dada su pericia idiomática (¡ah! aquella intervención ante la Asamblea francesa, cuidadosamente borrada de la Red), y las escasas referencias suelen ser traducciones convenientemente aderezadas. Menos mal: podría estimular ocurrencias aún más insensatas. Tampoco se enterará de otras cosas que trascienden por ahí sobre el paraíso de la economía verde, sostenible y social en que está conviertiendo el Reino de Taifas. Prestigio internacional. Claro que le importa un bledo.

miércoles, mayo 13, 2009

Des de la Cerdanya

M'han demanat alguna col·laboració amb els autors d'aquestes cròniques. He acceptat. Sóc dissident i sostindré opinions contràries a nacionalistes i a centralistes. Mantindré raons històriques per als meus arguments i no obstant això, em plegaré als designis de les majories que decideixin, i ho faran, la secessió ja inevitable. La qüestió serà quan i la clàssica "qui prodest".

Que Catalunya sigui un país amb una personalitat diferent és indiscutible: l'idioma, la història i l'obstinació continuada des de les Bases de Manresa de les classes dominants, a les quals ara no jutjaré. Que la integració de Catalunya a Espanya precisa d'ajustaments també és una certesa: el disseny de l'Estat vuitcentista i el subsegüent derivat de la Constitució de 1978, són un veritable despropòsit, històric i funcional. Ni per a les regions de la Corona de Castella, ni per a Catalunya van ser solució satisfactòria els sòrdids pactes de 1978. Castella disgregada i la recuperació de drets històrics tallat per un mètode trist i lent de transferències que equiparava a regions de nova existència administrativa amb Regnes, Principats i Comtats de la Història d'Espanya. Si les circumstàncies exigirien prudència, ja no n'hi ha prou. Però la solució és molt difícil, segurament incompatible amb el passat previ a la uniformització fracassada dels segles XIX i XX. La solució és un federalisme molt rigorós, a l'alemanya, però sense identificar necessàriament a les Comunitats amb els futurs Estats. Sense aquests canvis, no veurem una Catalunya lliure dins l'Espanya gran. Això farà oblidar l'estúpida obstinació dels castellanistes a ultrança, que només entenen a Espanya com Castella, que ha fet i segueix fent un dany immens a la bona harmonia entre totes les modalitats d'Espanya l'autèntica realitat de les quals és fruit d'una història molt peculiar: la d'un medioevo que la voluntat comuna de recuperar el que es va perdre al començament del segle VIII es va produir des de nuclis inconnexos que, en la lluita comuna es van desenvolupar com entitats nacionals diferenciades, encara que conscients de pertànyer i d'encaminar-se, a una entitat anterior a totes elles. Lluny de combatre el que és, en veritat, enriquiment de la idea, o de la noció d'Espanya, haguessin d'estimular-se aquestes manifestacions diverses de la seva històrica diversitat. El que estic afirmant de Catalunya, ho podria repetir en el cas de Galícia, fins i tot en el País Basc: encara que en aquest últim cas, fallen les raons, perquè mai va existir, històricament, un regne o un Estat basc: la realitat històrica és un mentiu a les pintoresques fantasies de Sabino Arana; la peculiaritat basca és un fet, no assimilat per la romanització, però integrat sempre en les entitats polítiques veïnes en els segles de la Reconquesta. Hi ha dues actituds contraposades i igualment nocives; la de separatistes i separadors: aquests últims, els quals s'obstinen a confondre Castella amb Espanya. L'estupidesa (denunciada per Dionisio Ridruejo) dels seguidors de Franco dins a Catalunya va ser, exactament, aquest: en lloc de promocionar i aplaudir un catalanisme espanyol, entenent-lo, rectament, com enriquiment de la imatge i de la realitat espanyoles, es van apressar a fer incompatible Catalunya -el seu ésser, la seva identitat- amb la idea d'Espanya. Centralistes que es deien admiradors dels Habsburgo que juraven les nostres lleis, van imitar al més odiat Borbó. Tots sofrim les conseqüències encara avui.



lunes, mayo 11, 2009

Hoy más rugby

En España, la nueva liga




En Norteamérica, los orígenes


El rugby union en los Estados Unidos.




Más asuntos locales...


Rossia...!


¿A alguien le cabe duda de que los gobernantes serios no olvidan sus intereses estratégicos?



Ha cambiado el color de la insignia, pero vuelven por sus fueros.

viernes, mayo 08, 2009

Izquierda panfletaria y nacionalistas montaraces




Las imágenes se comentan por sí sólas. Liberados sindicales, alborotadores profesionales acomodados al blindaje laboral que sus prerrogativas les proporcionan, fieles a la voz del amo, seguros de sus emolumentos al final del mes, jaleados por los mediocres instalados en la bancada según el riguroso orden que el Comité decidió. No entraré en el fondo de la cuestión, un debate sobre política económica, ni en cuestiones relativas a la salida del marasmo económico que la acción del partido abucheado propició a mediados de los años 90, ni siquiera en cuestiones de mayor calado como la mezquina existencia al albur de la subvención, del pequeño profesional del sindicato o del insignificante diputado de ciega obediencia; tampoco en el virus que inoculan a los habitantes de eso que llaman el espectro sociológico del que se nutren, atento a la caricia de la mano que le provee de subsidio y cada vez más hostil a la dirección de la vida propia, proclive a la adhesión inquebrantable al modo chavista y sus 25 años de panem et circenses andaluz (al fin el modelo que tratan de extender por las demás Taifas).

No, hablaré de las formas y de lo que subyace a la falta de respeto por las mismas, de eso que hace tan ingobernable y tan populista y tan áspera la convivencia en este viejo y descompuesto Reino. Porque detrás del grito de la dinamita no hay una metáfora: es que están reivindicando el odio atávico que han cultivado desde tiempo inmemorial y que proclaman ahora, como si la democracia parlamentaria de corte liberal no fuera más que una concesión temporal, un mal necesario que hubo que soportar y que necesariamente había de llevar a la eliminación de la vida pública del adversario, para algunos enemigo. Retórica rancia que aireada convenientemente dará disgustos, desvocados los ánimos cuando se acaben los dineros de que generosamente surte el Gobierno de sus colores que ocupa ahora lo que queda del Estado. ¿Acaso se pronuncian contra ese Gobierno, inane e inmóvil, incapaz y desbordado? No, contra ese no, en un esperpéntico ejercicio de cinismo y demagogia. Y que conste que los abucheados no son santo de mi devoción, que no fueron malos gestores pero en época de bonanza y control de los resortes del gobierno, renunciaron a acometer reformas ineludibles que acomodaran nuestro futuro más cerca de la libertad y más lejos del populismo.


Más: una ración mixta de odio, estupidez, mentira y cerrilismo. Los comentarios al cronista del peinado barroco, hilarantes. Pero cuidado con las risas, que detrás del que agita el árbol están los de las capuchas, que han sido su coartada tanto tiempo.



miércoles, mayo 06, 2009

El Central y los viejos Leones


Si el trabajo me lo permite, esta tarde me dejaré caer por enésima vez por las gradas del Central: el tiempo primaveral de que disfrutamos (por fin) y la hora nos permitirán ver a las promesas del rugby español frente a Ucrania, y que pena lo de Georgia, que a veces añoramos el imperialismo ruso por aquello de la competencia rugbística. No me lo tomen en serio, que es una licencia de estilo.

Conozco unos cuantos campos de rugby, mejores y peores (de estos más, algún día haré una relación somera de lugares y circunstancias), y aunque el de la Ciudad Universitaria de Madrid no está a la altura en cuanto a accesos, gradas (que desastre, si son un peligro en algunas zonas: cualquier día la FER y la UCM comparecerán como codemandados por causa de esa desidia), y superficie de juego, es la referencia de nuestro rugby señero desde hace ya mucho tiempo y además, con "The Rec" junto al Avon en Bath y el Stade Aguilera en Biarritz (esas viejas gradas de madera) el que prefiero.

En octubre de 1985 la entonces emergente selección de Zimbabwe (un país prometedor destrozado por el sátrapa Mugabe) se encontraba de gira por España. Había jugado ya en Oviedo y se enfrentaba a la España del que fuera entrenador del Olímpico de Pozuelo, Ángel Luis Jiménez, en el Central. Llegué pronto, terminaba un encuentro telonero de juveniles y los integrantes del equipo africano, por aquel entonces todos blancos, ocupaban la grada donde suele ubicarse la hinchada del Cisneros, justo bajo su Colegio Mayor. Eran unos tipos duros, de corte sudafricano, que era su escuela natural, con pinta de campesinos y que ese año y en la gira de verano del año siguiente por su país iban a dar mucha guerra a los nuestros, que se llevaron la serie. Pero eso ya lo contaré en otra ocasión. Desde la visita de los Maoríes en noviembre de 1982 (el 3-66 y aquel golpe de castigo pasado por Manuel Moriche, el apertura de la "Escuela") no había visto tanto público allí, y no lo volví a ver sino el día que Phillipe Sella (que salía de una lesión) jugó con Francia A en la Primavera de 1986 (el debut de "Chupao" Gutiérrez con la "absoluta") o de la visita de la Inglaterra de Neil Back, Ben Clark y el que luego fuera medio melé de País de Gales (esas lealtades) Rupert Moon, un 14 de mayo de 1989. Al año siguiente nos visitaron los Emerging Wallabies, ya lo hemos contado, con masiva afluencia de aficionados, que no se repitió hasta las visitas de Los Pumas de Lisandro Arbizu de 1992 o País de Gales en 1994 en la fase de clasificación para la Copa del Mundo de 1995, en la que penaba como penitencia a su desatroso partido frente a Samoa en Arms Park en noviembre de 1991. Aquel día vimos en el Central a los Rickie Evans, Gareth Llewellyn, Moon ya como galés, Garin Jenkins o Mike Rayer, Tony Clements y al mismísimo Ieuan Evans. Omitiré el resultado, que cualquiera puede consultar en la red, pero sí diré que JPR Williams, que andaba por aquí para jugar un partido de veteranos nos quiso halagar diciendo que fue "a real rugby match", claro que venían de derrotar a Portugal por una centena de puntos. ¡Ah! los veteranos, que unos cuantos han pasado también por el Central, y a los que hemos conocido allí, al mismo JPR, al inefable Gareth Chilcott, a los pilieres de la Inglaterra dominante de la década de 1990, Jeff Probyn y Paul Rendall, al medio de melé inglés del Grand Slam de 1980 Steve Smith. Sí, días para el recuerdo. A decir verdad no ha sido sino hasta la recuperación de la categoría por España (esa que vuelve a estar en peligro) después del hundimiento posterior al Mundial de 1999, que no hemos visto recuperar espectadores al Central.

Tengo que confesarles algo y seguramente es por la carga de años que soporta ya este cronista, pero creo que quienes se merecieron sobradamente el apelativo de Leones fueron los delanteros de esa época entre los 80 y 90 del siglo XX, curtidos sufridores que siempre dieron la cara en Koutaissi (donde jugaba la Unión Soviética, hoy en Georgia) y en Bucharest, en Treviso y en Mar del Plata y en Twickenham o en el Metropolitan Police Ground o en Gloucester y por supuesto en el Central. Además cierto prúrito propio también cabe, pues con algunos de ellos he jugado por aquellos años, lo cual no era difícil siendo la reducida tribu que éramos (y aún somos).

El colegial Paco Méndez y los sevillanos Bosco Abascal, Marco Justiniano y Villau, los guipuzcoanos Amunárriz, el segunda que emigró a Suecia y el tercera del Atlético de San Sebastián, el ingeniero de Cisneros Javier Chocarro, el canoísta "Yogui" Egido, el bombero valenciano Tomás Pardo, el liceísta Santiago Santos (estos dos los de la gira con los argentinos por Suráfrica), el chamizo "Pirulo" Álvarez, aquel portento vasco que acabó en Bayona, Altuna, el escolta del molt honorable president Pujol, Sergio Loughney, de quien se decía que fue tentado por los irlandeses dada su ascendencia paterna, y los demás catalanes, Héctor Massoni y Albert Malo, este, junto con "Chupao" Gutiérrez, pionero en la emigración a la Tierra de la Gran Nube Blanca, el pilier "Cano" Moral, de Valladolid, que marcó un ensayo en Murrayfield en 1985, devolviendo la visita que hicieron los escoceses de Peter Dods y Jim Calder a Cornellá, el otro liceísta "Javilón" Aguiar, los valencianos Esteve y Pepe Roig y tantos otros que se merecen un recuerdo, siquiera colectivo, por los balones que conquistaron para Javichín Diáz-Paternáin, "Menchi" Núñez, Ramón Blanco, Jon Azcargorta, Gabi Rivero o el sempiterno Fran Puertas. Salud amigos y buen retiro.

Y además, para que lo sepan, el Central tiene un lugar indeleble en la historia del cine español...

martes, mayo 05, 2009

Año 5704

Dijeron que 5690 iba a ser año venturoso, pero no lo creí. Esa maldición arcana que nos condena al retorno infinito, o fortuna velut luna, statu variabilis, semper crecis aut decrescis, conspiraba contra la prosperidad efímera. Piedad era lo que yo sentía por los ilusos circundantes, por los felices inconscientes que danzaban poseídos y se afanaban a mi alrededor, dichosos por un bienestar recientemente alcanzado y que no acababan de digerir. Ya lo había visto, síntomas inequívocos de tormenta. Salvo por algún suicidio intempestivo (¿alguno no lo es?) y despidos aquí y allá de empresas que no pudieron financiar su endeudamiento, nada alarmante. El presidente Hoover calmó a la población, que creyó en el efecto sanador de las medidas propuestas. Sin embargo yo había hablado con Aby Warburg antes de su desgraciada muerte en Hamburgo en el mes de Kislew de ese mismo año y me ilustró con presagios infaustos. Era sabio y los tuve por acertados. Recomendé a mis parientes que liquidaran sus posiciones en los mercados de valores. Casi todos lo hicieron. Abner Morgenstern no y nunca supimos de su paradero. Regresé a Europa, reclamado por mis sobrinos de la City, que adelantaban unas semanas su conciábulo anual en el tugurio de Arundel Street. Solamente tres de los asistentes conocían mi condición, por lo que mis palabras poco impresionaron a los demás: no comparecían a una conferencia sobre rancia historia, querían recetas para sus negocios. Que el maquinismo y el exponencial crecimiento de los instrumentos cambiales y la especulación contra el mercado ya hubiera provocado debacles similares no pareció importarles, aunque en su descargo cabe decir que no sabían que yo las había vivido. Exigían soluciones, intervención, protección y, desdichados, se fijaban incluso en el histrión de cuello de toro y calva testud que desde hace pocos años ocupaba el Palacio Chigi en la capital donde Pacelli me reveló su juego, marcado ya por la Mit Brenneder Sorge. El agitador de mandíbula tosca no fue el único que empleó a sus gentes en desecaciones de pestíferas marismas. Al poco el inválido americano iba a proponer su Nuevo Acuerdo, embarcando a su república en un vastísimo programa de gasto y endeudamiento que iba cerrado poco a poco la espiral del fracaso. Le tuvo que sacar del marasmo el mayor enemigo de nuestra raza. Qué ironía. Yo lo ví desde Europa y cuántos millones de muertos y qué locura. Busqué un improbable destino contra mi maldición en cuanto supe de los sucesos de enero de 1933. Pero aun en Alemania encontré quien me cobijó y al contrario que mi pueblo, huí a Praga cuando el Protectorado, y me mezcle en Rutenia con fantasmas y busqué luego ocupación en el Judenrat de Lodz y recibí disparos, como luego en Ucrania frente al cabo sajón del Einsaztgruppe, pero no pude con mi destino y sigo vivo. No escribí crónica alguna, sólo recogí las de los muertos, en 5704.

lunes, mayo 04, 2009

La guerra peninsular casi en directo


The Times.
August, 5, 1812.

(...)

"Extrait from a dispatch from Lord Wellington to General Castanos, which arrived at Ferrol the 28th of July, inmediately before the sailing of the cutter Sybil, the vessel by which it has been brougth to England:

"On the 22nd of July, the French Army, under the command of Marshall Marmont, was completely routed near Salamanca, by the allied army, to which was united the third division of the 6th Spanish Army. The enemy lost many eagles, almost all his baggage and an inmense quantity of his stores. Their lost in killed, wounded and prisoners is stimated as to 10 to 12.000 men, the latter being 4.000, among whom is General Bonnet, who is also wounded. The routed army retreated by Alba de Tormes and the victorious army is in close pursuit".

It is reported by a second dispatch that the enemy's loss is greater and the British loss is estimated as between three and 4.000 men. Don Julián Sánchez displayed great gallantry: out of 1.400 horse which he commanded, 700 fell upon the field of battle."