Del desgraciado estado de la política exterior y de defensa del Reino de España
Un año ha pasado. Durante estos meses, después del vergonzante suceso, se decidió enviar al Índico algunos buques de la Armada, naturalmente camuflados entre los de los aliados e integrados en un operatrivo internacional de rimbombante nombre, más que nada por aquello de los complejos antimilitares de este miserable gobierno que padecemos. Desde entonces nuestros barcos han intervenido en algunas escaramuzas con la patulea de piratas que por allí navegan: en abril la fragata Numancia impidió el abordaje de un buque italiano, por citar un ejemplo. Así que hay barcos (pocos), medios y leyes que amparan la intervención. Convenciones internacionales y leyes españolas. Lo que falta es voluntad. Por eso se repiten los acontecimientos y por eso otro atunero español, de curioso nombre adornado con grafía de esas políticamente correctas para las autoridades portuarias de estricta obediencia local, ha sido abordado por piratas menos temerosos de nuestra política que de la de nuestros aliados, por más que el temerario pesquero se hubiera alejado hasta 400 millas de la zona de seguridad. Producido el secuestro, hagan una demostración de fuerza, que no me creo que no puedan los infantes de marina más veteranos del mundo acabar con los famélicos filibusteros. Luego véase que responsabilidad tienen armador y capitán, y que la asuman.
Sin embargo como el mentecato que preside el Consejo de Ministros y sus serviles adláteres carecen de cualquier idea de Estado, pedirles conciencia de la defensa de los intereses estratégicos de una comunidad política en la que no creen es imposible. Llevan décadas adscritos al discurso tontorrón y mentiroso de la "paz" (pronúnciese con énfasis y movimiento espasmódico de los miembros superiores). Esa palabra es para ellos un nicho mercadotécnico para su ventaja electoral y, como en tantas cosas, a la hora de la verdad, daña a la vista su incapacidad, ignorancia y frivolidad. Son apaciguadores, en el peor sentido del término, por cobardía, ceguera y necedad. Zapatero es un (a)zote de proporciones inconmensurables digno de gentes crédulas y reacias al dominio de sus destinos. Vivan las "caenas".
Sin embargo como el mentecato que preside el Consejo de Ministros y sus serviles adláteres carecen de cualquier idea de Estado, pedirles conciencia de la defensa de los intereses estratégicos de una comunidad política en la que no creen es imposible. Llevan décadas adscritos al discurso tontorrón y mentiroso de la "paz" (pronúnciese con énfasis y movimiento espasmódico de los miembros superiores). Esa palabra es para ellos un nicho mercadotécnico para su ventaja electoral y, como en tantas cosas, a la hora de la verdad, daña a la vista su incapacidad, ignorancia y frivolidad. Son apaciguadores, en el peor sentido del término, por cobardía, ceguera y necedad. Zapatero es un (a)zote de proporciones inconmensurables digno de gentes crédulas y reacias al dominio de sus destinos. Vivan las "caenas".


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