Thornton Wilder. Dramaturgo y novelista norteamericano, nacido en 1896 en Wisconsin, hijo de diplomático destinado en Shangai, doctorado por Yale, soldado en África e Italia, ganador de varios premios Pulitzer, profesor en Harvard. Desconocido para una gran mayoría, si es que alguna vez se supo de él, por más que sea citado y recordado por académicos y catedráticos. Olvidado incluso para eso que llaman el gran público, en su propio país, a salvo la eventual representación de alguno de obras de teatro (A life in the Sun o The Matchmaker) o su adaptación al cine, como fue el caso de la irregular "El puente de San Luis Rey", que por esa razón es lo más leído en España de Thornton Wilder.
Lo leí por primera vez movido por la curiosidad. Una tercera de Julían Marías en el ABC, no recuerdo la fecha, recogía una buena crítica, muy especialmente de "Los Idus de marzo". Busqué la novela y la compré, en la edición de Penguin, un 16 de febrero de 1995, cuando Turner, en la c/ Génova, todavía lo era. 1.765 Pta. me costó. Y lo sé porque, al releerlo hace bien poco, cayó de entre las amarillentas páginas la nota de compra.
The Ides of March (1948) se suelte catalogar como novela histórica, pero no lo es. Ni por la intención de Wilder, ni por las licencias que se toma. Es más bien una alegoría de la condición humana, el Poder, con mayúsculas y el Destino. Ya declaraba el autor en su Introducción que la recreación histórica no estaba entre lo que se había propuesto principalmente. Que habría de ser más bien "a fantasia on certain events and persons of the last days of the Roman republic". Así que altera hechos y fechas. Y sin embargo no recuerdo semblanza más apasionante de esos últimos días de la República que la que traza Wilder.
Diseña el autor un libro epistolar, en el que se cruzan como un entramado diverso y desvaído las distintas tramas que inopinadamente llevan a la muerte de César. Sin explicación aparente leemos la correspondencia entre el Dictador y sus familiares, en sentido romano del término, la de estos entre sí; la de visitante ilustres como la última Ptolomeo; informes de la policía sobre las actividades de la oposición senatorial y sobre autores que hoy llamaríamos creadores de opinión, a saber, Cátulo, Horacio y Ovidio; las elucubraciones de un retirado Cicerón, el que soportaba a duras penas su final político merced al perdón de César y que habría de acabar tan mal, traicionado por Marco Antonio y Octaviano; los panfletos que inundaban la urbe y que anunciaban el final de César, esos que con el tiempo, en la misma ciudad anunciarían la caida de otro dictador, con el mismo tono y con el mismo fin, aunque dieran en la muerte de un régimen y un tirano más bien de opereta, y mediaran casi dos mil años entre la firmadas por el Consejo de los Veinte y las que atacaban a los camisas negras redactadas y difundidas por Lauro de Bosis, dicen que inspiradas por George Bernard Shaw. ¿O acaso aquéllas no fueron y éstas sí?
Fue, sin embargo, The Bridge of San Luis Rey (1927) su primera novela de renombre, que yo leí después, y la que le dió fama. La muerte de las cinco personas que cruzaban un puente sobre una quebrada, en el Perú, presenciada por el Hermano Junípero, le lleva a desentrañar la maraña de acontecimientos que han dado con cada uno de ellos en ese lugar y en ese momento fatal. La fe, el azar, Dios, la vida y la muerte a través de la historia de los más notables tipos humanos de la sociedad del Virreinato, descrito con una agudeza que para sí querrían muchos historiadores de aquí y de allá, de los eruditos y de los ideologizados.
Tengo pendiente, y le quedan aún cinco o seis libros por delante, Heaven's my Destination (1935). Es posible que rompa el orden previsto y como sucedía en las covachuelas administrativas hasta no hace demasiado, merced a un impulso, que en este caso no será oneroso, salte al primer puesto. Y es que sosiega una mirada como la de Wilder quien, como el arqueólogo (que lo fue, en Roma, precisamente), dotado de una cabeza ordenada y llena de sentido común, nos ofrece una visión que conjuga el detalle y el gran diseño de cada capítulo del Tiempo que dramatiza.
Newsweek publica un artículo sobre Wilder en su último número. Lo cierto es que iba buscando la entrevista que en esa revista habían sufrido de nuestro inenarrable primer ministro, pero desistí al encontrar asuntos mucho más importantes.



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