Veterano de las guerras de Flandes y de cien expediciones contra berberiscos y otomanos del norte de África. Ejecutor de la expulsión de los moriscos del Reino de Valencia entre 1609 y 1611; sucesor del marqués de Hinojosa, Juan Hurtado de Mendoza, en el Gobierno de Milán, después de la torpe intervención de aquél en las negociaciones que concluyeron con la Paz de Asti, cuando los saboyanos ya estaban derrotados, en 1615; triunviro en Italia con el Virrey de Nápoles, Pedro Girón, duque de Osuna y el embajador en Venecia don Alonso de la Cueva, marqués de Bedmar, para mejor defensa de los intereses de la Monarquía en el Milanesado y el Adriático; artífice de la parcial restitución de los saboyanos al orden con la conquista de la fortaleza de Vercelli en 1617 y opuesto al compromiso con la derrotada Saboya y la mezquina Venecia que pedía la declinante figura de Lerma; sustituido en 1618 (tras la "conjura" de Venecia y la defenestración de Praga, preludio de la Guerra de los Treinta Años) por Gómez Suárez de Figueroa, Duque de Feria, que tampoco seguiría aquella política, más seguro ya de la pronta caída del valido.Con que severidad contempla desde el Salón de Retratos del Senado a la caterva de aposentados y postulantes que van y vienen por esa cámara (y tanto daría la otra), órgano legislativo de un reino heredero de aquella Monarquía a la que sirvió. No ha lugar a la comparación, trató a gigantes y gasta su eternidad sufriendo a menguados rapaces. Don Pedro Álvarez de Toledo, Condestable de Castilla, Gobernador de Milán y marqués de Villafranca.


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