lunes, junio 01, 2009

Turistas

Obligada salida dominical, hace unas horas, por motivos que no son al caso. Qué panorama más desolador. Comienzan los calores y el mal gusto aflora en toda su evanescente soberbia. Tipos mal encarados y panzones disfrazados de jugadores de baloncesto con camisetas de tirantes de colores y mensajes imposibles, pero pisando fuerte. Pantalones pesqueros y chanclas de variopinto diseño, aderezadas con calcetines en el caso de que además el portador sea guiri, generalmente de habla alemana. Cónyuges de los meritados humanoides embutidas en tops que muestran lozanas lorzas más adecuadas para una contundente chacina adobada y prole vociferante e inasequible a las oraciones subordinadas, cargada de artilugios electrónicos.

Pensaba que la manida crisis acabaría con estas hordas, pero andaba yo errado. Les quedan ahorros, magros, pero ahorros, que gastan sin rubor en mesones propios de arrieros de la última francesada, que todavía haylos, sí señor.

Y todo ello mancillando las cansadas piedras de una noble ciudad castellana. Menos mal que el señor Duque de Benavente ha siglos que murió, por aquello de su afán demoledor cuando de hospedar a traidor se trataba, porque de vivir hoy, haría dinamitar entera la ciudad.

Y por cierto, qué país, donde ni las tapias de los camposantos se libran de la visita de los embadurnadores de paredes. Es que los chillones colores no pasan desapercibidos desde la autovía.

Puede que la debacle económica deje a los nuevos bárbaros en sus casas una temporada (ya verán después de septiembre), pero harán falta 20 años para acabar con la incuria del espíritu.

Huyan de los turistas. Viajen entre octubre y abril. Entre semana preferiblemente.

(La imagen no coincide con la ciudad visitada y evito herir la sensibilidad del incuato lector, omitiendo las más crudas y veraces que tenía a mi disposición, pero vale como ejemplo.)