Quien tenga ocasión y medios ya sabe lo que tiene que hacer. Más si tiene familia que sostener y a la que procurar un futuro (digno). Aquí no. Supuesta la alternancia que algún día volverá a acontecer (hoy no es posible con tal pánfilo al frente del principal partido de oposición), sólo cabe esperar turnos y cesantías. La maldita partitocracia que se dieron los "padres" del engendro de 1978 y que nadie se atreve, salvo "antisistema" nacionalistas, a cuestionar ("el rey no va desnudo"). El Leviathán que se alimenta a sí mismo es ya tan poderoso que todos se pliegan a él. Doblan el espinazo ante la mano que da de comer. Ocupados los resortes de las muchas administraciones, se han convertido en distribuidores de los excedentes que ya se van acabando. Pero ¿qué quieren? Es lo que merecen quienes lo toleran, al socaire de la falacia del la ¿razón? de la mayoría. Olvidan la depurada elucubración del viejo Derecho y los vicios del consentimiento. Eso es, voluntad comprada. Sociedad cautiva. Prisión gris, divertimentos ramplones y soeces diseñados contra cualquier atisbo de pensamiento libre y exacción brutal de las menguantes clases productivas. Con la complicidad culpable del entramado financiero: los mayores distorsionadores del mercado, por cierto. Caro lo pagaremos.
Si no tienen conciencia, aprovechen la ocasión, lúcrense de la mayoría torpe, la que abdica de su responsabilidad vital y se entrega al yugo estatista e intégrense en la minoría encumbrada. Si la tienen, dependerá de sus medios: abandono, melancolía o cambio de residencia.
Apocalíptico quizás. Pero es que aquí la tormenta económica se solapa con la política que, afirmo, es más grave. La tormenta perfecta. Y ayer la televisión del engendro autonómico madrileño babeando ante el borboncito que no llegará a ceñir corona. Wishful thinking hoy por hoy, pero todo se andará.
Panorama negro, negrísimo por el ancho mundo. Y aquí entretenidos en zarandajas y pamplinas electoreras, propaganda para público entregado y adoctrinado.
Si no tienen conciencia, aprovechen la ocasión, lúcrense de la mayoría torpe, la que abdica de su responsabilidad vital y se entrega al yugo estatista e intégrense en la minoría encumbrada. Si la tienen, dependerá de sus medios: abandono, melancolía o cambio de residencia.
Apocalíptico quizás. Pero es que aquí la tormenta económica se solapa con la política que, afirmo, es más grave. La tormenta perfecta. Y ayer la televisión del engendro autonómico madrileño babeando ante el borboncito que no llegará a ceñir corona. Wishful thinking hoy por hoy, pero todo se andará.
Panorama negro, negrísimo por el ancho mundo. Y aquí entretenidos en zarandajas y pamplinas electoreras, propaganda para público entregado y adoctrinado.
Los otros, fuera de juego, en el terreno que les marca el PSOE, y sin aplicarse el refrán de la mujer del César.
En cuanto al título de la entrada, lo que no puede decirles es el destino que deben elegir: yo pensaba que los EE.UU, todavía tierra de promisión y melting pot y demás tópicos, podía servir, pero, después de las previsiones de Igor Panarin, creo que se imponen Australia o Nueva Zelanda (si no fuera por lo de los derechos del simio y la previsible denuncia del Tratado de Waitangi). Y si no me creen, vean, vean...

En cuanto al título de la entrada, lo que no puede decirles es el destino que deben elegir: yo pensaba que los EE.UU, todavía tierra de promisión y melting pot y demás tópicos, podía servir, pero, después de las previsiones de Igor Panarin, creo que se imponen Australia o Nueva Zelanda (si no fuera por lo de los derechos del simio y la previsible denuncia del Tratado de Waitangi). Y si no me creen, vean, vean...


2 comentarios:
Hombre, Mr. Blakeway. Que los EE.UU. se separen (en un futuro bastante lejano) es una cosa. Que California pase a formar parte de China, otra muy distinta.
Salvo que medie invasión, ¿qué interés podría tener una de las economías más vivas del planeta en integrarse en otra, más potente 'en bruto' pero mastodóntica, inelástica y de características culturales completamente diferentes?
El tal Panarin tiene su gracia, pero está como una cabra.
Australia es un paraíso. Tengo dicho que allí se vive justamente como les gustaría vivir a los ingleses. O sea, de miedo.
...de ahí la categoría "rechufla" en la que incluyo la entrada. Ahora, que creo que cobra sustanciosos emolumentos por tales tonterías, a lo mejor es un vivales...
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