viernes, julio 10, 2009

G8

O: "¿Cuántos somos para la cena?"
GB: "Diez o doce, que yo sepa"
O: "Y, B ¿trae a algunos para las risas?"
M: "Claro, ya sabes, ZP, un tipo delirante, lo conocéis de otras veces (que no se entera de qué va esto) y además vuelve a pagar la cuenta"
O: "...Es incansable"


jueves, julio 09, 2009

Hispanofobia rancia


Jean-Claude Damamme es un escritor francés de cierto predicamenteo entre los fanáticos de la cosa "napoleónica". Ya se sabe que allende los Pirineos no se reniega de la propia historia: se asume y se estudia. También hay desviaciones patológicas que hacen de la figura del Ogro de Córcega, que decían los fieles al obeso ridículo Luis XVIII, poco menos que un habitante del Olimpo. Lo curioso es que el sujeto no es historiador, ni falta que le hace. Sienta doctrina y vende muchos libros. Sus lectores reafirman sus ideas sobre su mito y todos contentos (sobre todo el peculio del autorcillo). He leido "Les soldats de la Grande Armée", de Perrin, en su edición de bolsillo de la colección Tempus. Se deja leer, pues la escritura es ágil y salpicada de anécdotas sobre la vida cotidiana de los ejércitos de Bonaparte desde los campamentos de Boulogne, en 1805, antes de abandonar la idea del desembarco en Inglaterra y volverse contra Austria. Las fuentes son esencialemente las contemporáneas, a saber, la profusión de memorias de los soldados-escritores de las filas napoleónicas: "Souvenirs d'un officier de la Grande Armée", de Jean-Baptiste Barrés, "Souvenirs d'un vélite de la Garde sous Napoleon Ier", de François-Fréderic Billon, "Avant-postes de cavalerie légère", de Fortune de Brack, "Mémoires", del general Hugo, "De Valmy a Wagram", del general Lejeune o "Récits de guerre et de foyer" del mariscal Oudinot, por citar algunas. Las fuentes secundarias nunca más allá de publicaciones de la década de los 50. Nutridas, pero superadas, y desde luego, ninguna obra escrita más allá del hexágono. Desconoce las fuentes modernas y a los autores en otros idiomas. Acaso no son útiles para la exaltación acrítica que pretende, y a sus lectores no les interesen los matices, enredados en sus tópicos y apegados a su imaginario legendario. Como en el caso del capítulo dedicado a la guerra en España, que lleva el escasamente original título "Espagne: de la sueur, du sang et des larmes". Es posible que Dammame crea que la guerra continúa y que escribe para Le Moniteur parisino. Solamente es de agradecer que no sea condescendiente con los españoles, al modo de muchos franceses del XVIII y XIX. Es simplemente hostil. Todos los epítetos de la más burda leyenda negra se acumulan en las páginas 211 a 258, al margen de comentarios aquí y allá, siempre del mismo tono: fanáticos, traidores (¿¡ a Napoleón y a su hermano José !?), canallas.

Nuestro tendencioso autor dice que mientras que al atravesar la frontera de Alemania (no, no habla de este o aquel ducado, margraviado o reino, evidentemente para que sus lectores no se pierdan en sutilezas) o Italia (lo mismo), percibían cambios que les hacían sentirse extranjeros, pero no realmente intrusos, "qu'il pénètre en Espagne, et il perçoit, dans l'instant, una sensation de méfiance et rejet. Il est vrai que dans ce pays, dément de une religiosité exacerbé, le soldat impérial, qui chemine précédé de sa réputation d'antéchrist irréligieux, jusqu'a la provocation, se présente moins en simple conquérant qu'en inquiétant boutefeu". Bravo, y sólo para comenzar. Sigue hablando de las impresiones que los aborígenes causan en la tropa, "l'air sombre et sauvage des hommes, la saleté et la pauvreté des maisons", y sus villas, "un autre qui s'arrête a Hernani: la ville lui apparâit sale et mal bâtie; quant à la malpropeté des habitants, elle est jugée revoltante: dans ce pays qui semble duex siécles en arrière du nôtre, on ne connaît aucunne des commodités de la vie". Y añade al poco, y sin citas ni referencias: "Une étude sociologique sommaire effectué par nos observateurs militaires nous apprend que, si la classe moyenne a des moeurs assez exemplaires, le peuple, lui, est corrompu, prompt a s'emporter, danguereus, cruel, et capable de plus grandes excès. Les Espagnols sont connus por avoir toujours sur eux des grands couteaux avec lesquels ils assassinent leur monde très lestement". Ahí queda eso, y qué adelantada la Inteligencia napoleónica que ya hacía estudios sociológicos de los paises ocupados, cuando Comte tenía unos diez años. Por ventura aprendió su ciencia de algún veterano de la Grande Armée, y no en la Escuela politécnica.

Y sigue, sobre los españoles:"la bigoterie des Espagnols de deux sexes dépasse l'imagination", "la religion qui, en Espagne, fera fraterniser le couteau avec le goupillon se révélera un dangeraux excitant"; o sobre la hospitalidad (¡con el ocupante!) "après un dîner detestable, aprè una nuit passée sur le sol, il en coûte fort cher". Y cuando habla del dos de mayo de 1808 desconoce, era de esperar, ninguna fuente española, salvo para referir "A-t-on grossi délibérément le chiffre des victims pour attiser la haine contre les Françaises?", y toma como cierto el bando de Murat. Y los guerrilleros eran solamente bárbaros semicaníbales y los excesos de la tropa gabacha se debían a la tensión que impedía a sus excelsos mandos mantener la disciplina, como en Córdoba, y Dupont se rindió ignominiosamente engañado casi sin disparar un sólo tiro y Palafox fue un inútil porque rindió una ciudad que, pese a no estar fortificada a la Vauban, nunca debía haber capitulado, aunque el sitiador fuera el admirado mariscal Lannes.

Una cita más del fabulista, con motivo de la salida de los franceses de España:"Avec leur folklore barbare, ils se poursuivront jusqu'au retour du roi légitime. Et lorsqu'ils n'eurent plus de Français á se mettre sous le couteau, les Espagnols se massacrèrent les uns les autres..." y en esto último es en lo único que tiene razón, porque el regreso del primer Gran Felón (ahora disfrutamos a algunos otros de la misma catadura), fue una desgracia. Pero eso es sabido por todo el mundo. Y que aquella guerra fue una barbaridad y que las partidas y la gente llana que combatió al invasor se empleó con la fiereza que merecía la ocasión y que el odio por el francés se desató (basta con mirar con detenimiento los grabados de Goya). ¿Cómo podía ser de otra forma? Queden las disquisiciones sobre las buenas intenciones del mejor de los Bonaparte, el hacendado José, para otra ocasión, y lo mismo sobre la tierra de nadie en que pararon los pocos ilustrados que por aquí había.

martes, julio 07, 2009

No lo digo yo

Otros lo han escrito. Y se comprueba cada día; en cada conversación. Y adviertes que hay dos clases de adheridos: los convencidos y los cínicos. A ambos importa un ardite la verdad, y se conforman con los que diseñan su futuro y toman posesión de sus vidas y haciendas. Haciendas, claro que sí. El colectivista salta alborozado cada vez que alguien cae en el abismo de la asistencia pública. El cínico atisba la verdad pero se adapta. Cree que podrá maniobrar e incluso beneficiarse. Pierde el tiempo: el poder es voraz y no sabe que es una simple pieza del engranaje. Y poco a poco se va reduciendo el número de ciudadanos con capacidad (y ganas) de elegir. Elegir, que no votar. Votar a funcionarios de partido que copan las listas cerradas para acceder a magistraturas donde se encastillan no es elegir. Y no es que queden tres años de legislatura, que viene de atrás y la oposición (los nacionalistas no lo son, juegan otra partida) no tuvo ni arrestos ni voluntad para romper el monopolio de la mentira (connivencia más bien).

viernes, julio 03, 2009

Pies Planos Albaladejo


Si, Albaladejo, Pierre. Toda una institución en el rugby francés, de aquella época del torneo Yves Du Manoir y de compaginar trabajo y rugby, lo que no está tan lejos de lo que la mayoría de los rugbieres (me inclino hoy por el argentinismo) hacen cada temporada.

Un mito, decía, del rugby francés. Y su apellido rebela indiscutiblemente su origen. Nacido en 1933, jugaba de medio de apertura o de zaguero. En Dax, ese vivero de jugadores del Sur de Francia, ejemplo, entonces, de otros internacionales como Laurent Rodríguez, Raphaël Ibáñez, Thierry Lacroix, Jean-Pierre Bastiat, Claude Dourthe o Jean-Patrick Lescarboura, porque Pierre fue un ejemplo de humildad, entrega y cordura. Nunca le vi jugar (a salvo viejas grabaciones), que la frontera de la edad es insalvable, pero le escuchaba y aprendía tanto como de Bill Mclaren, su alter ego en la BBC, con las retransmisiones de Antenne 2 que me llegaban grabadas desde más allá de los Pirineos, cuando no había televisión por satélite, cable ni espacio virtual. Retirado del rugby internacional en 1964 (abrumado por la muerte de su hermano Raymond y otros dos compañeros de Dax en fatal accidente de tráfico), fue comentarista deportivo hasta 1999, año en que se retiró con la desaparición del Torneo de las V Naciones. Como es de verbo fluido y gran aficionado a los toros, compaginaba esas retransmisiones con las taurinas para el Canal + francés.


El caso es que a Pierre, que debutó en 1954, no le llamaban "pies planos", como equívocamente titulo estas líneas, sino Monsieur Drop, por su hazaña de abril de 1960 frente a unos voluntariosos irlandeses, a los que colocó tres drops consecutivos, marca que fue un hito en el Torneo hasta que su alumno Lescarboura en 1986 y Didier Camberabero en 1990 la igualaran. No se le debía dar mal el tercio de patear a bote pronto, ya que en el tradicional campeonato Yves Du Manoir había pasado cuatro en el mismo partido, no importa el rival, dos con la izquierda, dos con la derecha, y dos semanas después de los que endosó a los célticos, volvió a pasar dos frente a los italianos (que sí, que siempre han ido un pasito por delante en eso de sus contactos con Federaciones mayores) de nuevo en el Stade de Colombes. Curiosa esa habilidad para quien llevaba plantillas especiales en su calzado "civil" por sufrir de una grave deformación del arco plantar de cada pie. Nadie lo diría viéndole en acción y su palmarés, con victoria sobre los Springboks el 25 de julio de 1964, en Springs (6-8 para Francia), para compensar aquella derrota que sufrió ante Rumanía en junio de 1960 en el estadio del Dinamo de Bucarest, ante 55.000 aficionados (no, Ceaucescu no los llevaba a la fuerza, y es que los dacios también tienen constumbres que preservar).



Aquel día frente a Irlanda jugaron por Francia: Vannier como zaguero; Dupuy y Rancoule como alas; Boniface y Bouquet, centros; Albaladejo, apertura; Lacroix, medio de melé; Domenech, De Gregorio y Roques en la primera línea; Larrue y Mommejat en la segunda línea y Monclá, Crauste y Celaya en la tercera. Casi todos de los Departamentos más próximos a España, una generación que va desapareciendo, pero que sembró y vió crecer recio y vigoroso un rugby que a veces se permite el lujo de ganar a los Leviathanes del Pacífico Sur. Por algo será.

jueves, julio 02, 2009

Nostalgia y algunos amigos




A algunos de los retratados los conocí en los últimos 60 y con algunos todavía tengo trato. Geniales. Unos cuantos merecerán algunas líneas aquí.

martes, junio 30, 2009

El General


Hará tres meses que me sorprendió un relato de ficción que un tal Tarquino publicó en este rincón más allá de la razón que es esta gaceta que Uds. leen. Sin embargo mis remordimientos son tantos y mi soberbia tamaña que al poco lo olvidé. Hasta que vi, atónito, que el etrusco reincidía y narraba con agilidad sucesos que alguien me contó, en La Española, sesenta o setenta años antes de mi muerte.

Porque yo estuve en Santo Domingo cuando lo de Pedro Santana y la temporal vuelta de la isla al corral que era el reino de la rijosa Isabel. Aquello fue un disparate, pero mantuvo entretenidos a espadones en ciernes, esos que poco después venderíamos juramento y honor por chapotear en la política del malhadado país.

Pero no les voy a hablar de eso, que a nadie importa, sino de la causa de mi condena a las calderas de Pedro Botero, que no fue otra que mi ocurrencia simple y nefasta de reconcentrar a los rebeldes cubanos cuando quisieron acabar con la secular hermandad con las provincias de España, siendo yo Capitán General de la isla caribe. Siempre me tuve por liberal y alejado de beaterías, zarandajas y tonsuras que tanto daño hicieron al bienestar de España desde tiempos de la Santa Hermandad, pero con la edad fui temiendo por mi alma y con justo temor al fin. Así que mis humor áspero y conversación agria del final de la Restauración tenía fundamento, que mi tiempo había pasado y terminaba en derrota oscura. Bien lo debían saber las comadres que con horror me miraban durante mis últimos paseos arriba y abajo de los bulevares cercanos a mi casa de Areneros, y eso que sólo me veían como el diminuto generalito que fue y que, olvidado, rezongaba su enfado sin consideración por la calidad o género del destinatario. Porque si bien disfruté honores en vida, los bandos de enero de 1896 y algunos sucesos personales que esos acontecimientos produjeron, me vinieron a acabar.

Y es que la hambruna que padecieron los concentrados, las enfermedades que les azotaron y el odio en que se tornó la desafección dejaron en mí, cierto que no entonces, un poso de fatalidad que se despertó con la sorda inquina y rechazo de mi hija, a la que hice contemplar la ejecución de su rebelde enamorado.

Tres cuartos de millón de muertos dicen algunos, un millón dicen otros. Que no sé como los cubanos tienen trato en vuestro tiempo con españoles. Y cuántas veces me han echado en cara ser el inventor de tan monstruosa forma de represión, que copiaron los ingleses para sus boers y los alemanes para judíos y cualquiera que se opusiera a sus delirios, aunque he de decir en mi descargo que Sheridan lo ensayó en la Guerra Civil Norteamericana. Bien los he conocido, a unos y otros, en los recodos más turbios del Infierno, donde nos juntamos los genocidas y disputamos, para pasar el rato, sobre la oportunidad de las medidas que tomamos. Aunque aun allí hay atisbos de lógica y a los del idioma restallante y cuellos porcinos los enviaron a todos a una región más recóndita del Hades, ya que a decir de Azazel, uno de los demonios con que tengo más trato, ellos buscaban deliberadamente la muerte de sus prisioneros, mientras que ingleses y españoles sólo la consentíamos. Además, lo suyo duró más y hubo de ser peleada la mayor guerra de la Historia, mientras que lo nuestro cesó por decisión propia.

Así que lo de Montjuic unos años más tarde, que ya habíamos perdido Cuba y Filipinas frente al yankee y en parte yo les di motivo, fue cosa de nada tras unos tiroteados aquí y allá, y alguna ejecución sumarísima. De modo que no hizo falta ejecutar lo que prometí ("a mí me da igual decir aquí está Barcelona o aquí estaba Barcelona: que cesen los disturbios").

Ya nadie me recuerda por mis tres ministerios, ni por mi gobierno en Canarias, ni por mi reforma de las ordenanzas y mejora de las condiciones de la tropa, ni por mi feroz enemistad y oposición al generalón Primo de Rivera. Lo merezco. Mi pobre entierro, sin honores y olvidado del necio monarca, fue tránsito fugaz para las penas que ahora cumplo.

(Nickjournal, 30-6-2009)

viernes, junio 26, 2009

No se engañen


Hace unos días me encontré con un viejo amigo, hoy brillante hombre de negocios y poseedor de varios títulos y postgrados universitarios (filología hispánica como nota colorista entre lo de negocios y comercio, pero su favorito declarado) que se mueve por el ancho mundo como lo hacen los que no temen ni al cambio ni las oportunidades que de él surjen. Llevaba instalado en Taifas unos años (es inglés) y aunque crítico como lo suelen ser los de la Pérfida Albión aunque nos quieran bien, mantenía que las oportunidades que a mediados de la década pasada se plantearon a los españoles, eran suficientemente prometedoras como para establecer uno de sus cuarteles en estas latitudes y ver las cosas con una perspectiva diferente. Le fue bien al principio, venía rendido con ese enamoramiento romántico de quien no conoce un país más que por algunos viajes esporádicos y por los libros, y estaba dispuesto a no objetar frente algunas particularidades más o menos extravagantes, lo que, decía, no sería adecuado viniendo de alguien de su nacionalidad. Sin embargo, me dijo, desde 2003 se mostraba escéptico y distante. Hacía dos años que no sabía de él. Nos vimos en la estación de Sants, en Barcelona, unos minutos, y me anunció su marcha definitiva. Los años del Malvado Sonriente habían sido demasiado para su sentido de la decencia (intelectual, añadió, siempre reacio a criticarnos en demasía), después del delirio del Soberbio Políglota en su segundo mandato. Como no había tiempo para más, me prometió un correo de despedida. Les ahorro la parte personal y les transcribo sus amarga reflexión. No querría estar de acuerdo.

"Se transmite peligrosamente y sin crítica en contrario. Es un tópico manido y falso: "aquí se vive mejor que en ningún sitio". Numerosos propagandistas voluntarios e inconscientes, esos que desconocen los mecanismos del pensamiento independiente, proclaman las bondades mendaces de gentes agrias, serviles, soberbias, orgullosas de sus adhesiones mal pagadas y reacias al cumplimiento de (cualquiera) ley. El cuadro es desolador, las clientelas pretenden limosna suficiente para un pasar mortecino y narcotizado y aunque se intuyen estafadas por sus benefactores, prefieren el acomodo gris. Y no advierten al propagar esa necia loa a su ombligo que nunca ha sido verdad, que la comunidad política no existe, que el tribalismo cerril impide la aceptación de las más sencillas normas de convivencia y que, detrás de la jauria que copa los presupuestos de las múltiples administraciones, el empujón, la trampa, la desidia y la ignorancia marcan su destino. El peatón temerario que cruza con el semáforo en rojo e increpa al conductor que le evita a duras penas; el conductor que tiene a gala quebrantar la condena de privación del permiso de conducir que un juez dictó; el juez que instruye con tan escaso celo o pericia que los magistrados que juzgarán el asunto no podrán emitir una resolución ajustada a la realidad de los hechos; los magistrados que permiten que se contravenga el procedimiento y sea anulada la resolución condenatoria por defecto formal que daba con los huesos en prisión de un asesino confeso y reincidente sin que el órgano de gobierno de ese Poder del Estado vaya a exigir responsabilidades ejemplarizantes; el Gobierno (y léase todas las instancias de poder, incluido en nominal legislador ya apéndice del ejecutivo) para las que su dominio se ha convertido en un fin en sí mismo para su encumbramiento y control de los adocenados ciudadanos y por fin los ya súbditos de una patitocracia embrutecidos e hipnotizados que se conforman con la deglución de consignas y píldoras anestesiantes de sus deformadas conciencias.

(...)

Mirad a vuestro alrededor. Como decimos los anglosajones "every man for himself". Se os hunde el barco. Torcistéis el camino y os costará dos o tres generaciones recomponerlo. Si podéis. Yo me voy. Pero no me busques en mi país".