viernes, noviembre 06, 2009

Rendición

No creo que a estas alturas pueda sorprender. Algunas autoridades del Estado promueven públicamente la rendición. Esta vez es otro socialista, López, el que se apunta a la miopía del corto plazo y de la corrección política. Alguna vez he dicho que no se puede esperar demasiado de esta hornada de socialistas, pero están superando todas las expectativas. No es sólo que esa claudicación comprometerá, a cambio de los escasos beneficios propagandísticos para consumo interno, la casi inexistente autoridad de este malhadado país en el exterior, sino que pondrá en riesgo añadido a nuestros temerarios pescadores que, todo hay que decirlo, se ven en mayores problemas de los debidos porque con esa actitud tan nuestra de pasar de las normas, tienen por costumbre faenar a miles de kilómetros de la zona recomendada y bajo tutela de la fuerza naval adscrita a la Operación Atalanta. Las declaraciones de López no son otra cosa que un estímulo para que los desarrapados piratas del Índico procuren abordar barcos españoles, algo que López parece ignorar, o, si lo sabe, omite de su discurso imbuido del tacticismo ramplón tan común entre sus filas.

Mientras tanto la situación se pudre y por más que desde el Ministerio de Defensa se asegura que no hay negociación posible en cuanto a la devolución de los prisioneros, el jefe de la cuadrilla no aparece y deja a la incapaz ministra de Defensa que lidie con el problema, cuando está prisionera de todos los prejuicios antimilitaristas que han conformado el parecer de los socialistas desde la época de Solana encabezando las manifestaciones contra la OTAN. Aunque sus mayores acertaron a cambiar cuando fue menester, a estos les gustaría estar en aquel engendro subvencionado por la URSS que se llamó la Conferencia de Países No Alineados, si es que alguien recuerda lo que fue. Por eso, frente a los técnicos del Ministerio de Defensa y los militares, inmovilizados por la inoperancia del Gobierno, cabe esperar una nueva rendición que no hará sino comprometer más la imagen del país fuera de nuestras fronteras y la seguridad de los españoles en el exterior.

Sin embargo, nada de esto debe extrañar. Es algo que se viene cultivando deliberadamente. A los españoles les importa un ápice la política exterior que no sea enviar regalos que depredan las corrompidas burocracias de lo que ahora se llama países emergentes, y sólo se acuerdan de las Fuerzas Armadas cuando truena Santa Bárbara, pero resulta que pasada la crisis, sea cual sea el resultado, tiene comprobada la camarilla política que las decisiones de política exterior firmes y dignas no dan réditos electorales.

El Duque de Osuna, Oquendo, Don Álvaro de Bazán, Blas de Lezo o el Almirante Bonifaz lo deben tener muy mal en sus charlas con Nelson, Ruyter, Collingwood, Anson o La Jonquière. Y ya saben, si viajan a lugares comprometidos, que haya norteamericanos o británicos cerca.

miércoles, noviembre 04, 2009

Rugby de Otoño


Rugby de los años 80 para recordar antes de los test-matches del Otoño. El Grand Slam de los Wallabies fue una sorpresa y todo un espectáculo en 1984.

Este año los Wallabies repiten gira por Europa, con las mismas citas que hace 25 años. ¿Repetirán? No es fácil. Irlanda es su principal escollo esta vez. De momento su partido más complicado ha sido contra mi equipo favorito de la Liga inglesa, el Gloucester, y ganaron 5 a 35.



Ocurrencias

La última ocurrencia del Gobierno, en connivencia con los marginales de la extrema izquierda (qué sería de la política española sin personajes tan delirantes como Llamazares o Lara, Herrera o su cuadrilla de conmilitones del Grupo Mixto) para reducir el deficit de las cuentas públicas ha sido incrementar los tipos impositivos a los extranjeros no residentes con ingresos superiores a los 600.000,00 €.

Que los directivos de multinacionales, y con ellos sus razones sociales, decidan instalarse en otro país, parece una consecuencia lógica. Aquí van siendo todo ventajas: mercado fragmentado, legislaciones dispares y contradictorias, lentitud exasperante de la Administración y los Tribunales y ahora mayor carga fiscal.

Como resulta que entre los que ingresan esas cantidades están los muy apreciados y estimados -en el país del panem et circenses- futbolistas profesionales, alguna de las organizaciones que tiene que ver con este circo ya amenaza con huelga. No lo permitirán los legisladores: ¿se imaginan a varios millones de forofos ante el vacío existencial de unos cuantos fines de semana sin fútbol? Acaso podrían pensar en su razón de existir e incluso en el Gobierno y eso no le conviene a la Mano Negra que quiere diseñar nuestras vidas desde La Moncloa.



"Sr. Bond, se dará cuenta de que salir de esta habitación es absolutamente imposible..."


Aplíquese a los españoles y su clase política.

martes, noviembre 03, 2009

Córdoba


La misa de 11,00 en la catedral de Córdoba se celebra observando estrictamente la liturgia romana, acompañada por un coro más que voluntarioso. Para los que gustamos de la adhesión a las formas, en este caso a los ritos, que no son más que una manifestación de civilización, es una grata sorpresa entre tanta fragmentación, dispersión y confusión postconciliar. Para entendernos, las tonadas con arreglos beatlesianos que hemos sufrido durante años en la liturgia, son propias de fuegos de campamento para adolescentes excursionistas, pero no más. Claro que los caminos del Señor son inexcrutables y maestros tiene la Santa Madre Iglesia para discernir cómo pescar almas, aunque la edad de los practicantes y los huecos entre los bancos a según que horas no digan mucho del éxito de la reforma.

Sin embargo lo que me enerva, por lugar común y opinión manida, es el murmullo de desaprobación que se eleva entre una nutrida colección de visitantes cuando un guía, al que observamos con cierta atención acabada la misa y cuando se reabre a las visitas el recinto, narra las vicisitudes de la mezquita tras la reconquista de la plaza en 1236. La espigada visitante que manifiestaba su indignación ante lo que estimó atropello de los derechos de una minoría religiosa por parte de los cristianos, sin saberlo, o quizás sí, no importa mucho, encarna exactamente la caricatura del ignorante occidental empapado de autodio y propaganda. No es que se trate de una anacronía hablar de derechos de minorías en plena Edad Media, concedamos cierto margen a la fatal ausencia de rigor intelectual de la portavoz y los que asentían con sus torcidas expresiones de indignación, sino que demostraba la eficacia de la propaganda esparcida sin recato por los negadores de sí mismos, al albur de las académicas teorías del entretenido Américo Castro y afines seguidores de peor intención que él, que son los que se empeñan en el estéril debate de si galgos o podencos y en la ensoñación de la convivencia y tolerancia agarena en época del Califato. No me voy a declarar partidario de Sánchez Albornoz, porque me parece que va de suyo considerar su obra infinitamente superior a la literatura de Castro. Y permítanme una maldad: que Juan Goytisolo haya sido vocero principal de aquél dice poco de su admirado polígrafo.

A lo que iba. Que el péndulo ha oscilado y frente al mito de la Cruzada, el de la Alianza de Civilizaciones y las inanidades que de aquellas polémicas trascienden a ocurrentes personajes como el patrocinador de ese invento. Si todo quedara en eso, aun sería una polémica doméstica, pero al parecer las ideas torpes se extienden como los virus, recuerden la metecatez de Barack Hussein Obama en El Cairo sobre el particular, y además sirven de caldo de cultivo para las malas intenciones de los reivindicadores de Al-Andalus, con el suicida aplauso de quienes se creen la falacia de la continuidad histórica entre la región española de nombre parecido y el capítulo musulmán de la historia de la Península Ibérica.

jueves, octubre 29, 2009

Invictus


Parece que se estrenará en España en 2010. Sabemos que se ha tomado el libro de John Carlin ("Playing the enemy: Nelson Mandela and the game that made a nation") como referencia para el guión. Es un buen libro, lo leí en su versión inglesa, el paperback de 2009 de Atlantic Books, que en tapa dura se editó en 2008. Naturalmente el libro trasciende aquello que Mandela toma como motivo para su descabellado, arriesgado y ambicioso plan: la reconciliación y el desarrollo, las libertades individuales y los derechos de todos, la transición hacia un Estado aceptable en lugar del abismo de Rhodesia-Zimbabwe. Un sueño, para ser sinceros, inesperado. Lo previsible hubiera sido el enfrentamiento y la guerra, agitada por el rencor que poseía a los extremistas del Congreso Nacional Africano. Pero triunfó la decidida voluntad de un hombre magnánimo. Ya lo he contado en otra ocasión, aquí mismo.

Iré a ver la película, y me prometo no ser crítico con los detalles deportivos, que presumo cuidados. Haré abstracción de mis propias memorias y de aquella Copa del Mundo que nos apasionó y de la que guardo todos los partidos en mi colección. Olvidaré por esa vez aquel primer ensayo de Joel Stransky frente a Australia, en el partido inaugural, o su drop-goal de la final; los cuatro ensayos de Jonah Lomu frente a la Inglaterra de Will Carling, los hermanos Underwood, Dewi Morris o el hoy desterrado Deano Richards; las cargas inmisericordes de Josh Kronfeld, el bote-pronto increíble del mejor tercera-centro de la década (Zinzan Brooke) el día más infausto de los ingleses; la marca que no fue de la delantera francesa bajo el diluvio de Bloemfonteim, que supuso a los Springboks el pase a su final y que tan deportivamente aceptó el autor, Abdelatiff Benazzi; los cuatro ensayos del coloured Chester Williams frente a los durísimos samoanos; la desesperación de los Pumas de Lisandro Arbizu y Pedro Sporleder, fracasados en su tercera Copa del Mundo consecutiva o las maniobras inconfesables de Thabo Mbeki para asegurar el triunfo local frente a los favoritos All Blacks, porque el que habría de ser sucesor de Mandela carecía de sus virtudes y no sabía que aquello iba a ser innecesario, que los Bokke hubieran ganado de cualquier manera, pues se concitaban esas sensaciones que hacían de la ocasión un momento de sublimación de las esperanzas de millones de personas.

Por eso sólo veré la película como tal y confío en que no me defraude. Porque las peripecia vital de Nelson Mandela es de tal intensidad y sentido que por sí misma es ejemplar. Y porque los avatares de la fragmentadísima sociedad sudafricana (blancos anglosajones de corte liberal enfrentados a los periclitados mastodontes del Partido Nacional de Pieter Botha, extremistas fanáticos como Eugene Terreblanche y sus hordas de bebedores de coñac con coca-cola bajo las banderas de aspas dobladas, guerreros inkhatas de exclusiva obediencia a su rey Mangosuthu Buthelezi y mestizos, mulatos e indios de una u otra filiación política) y las vivencias de una variopinta selección de blancos sudafricanos, como el hijo del obrero Pienaar, el que estuvo a punto de morir en alguna reyerta callejera y que se jactaba de no haber perdido nunca en partido contra un colegio de "ingleses", o los gigantescos barítonos Balie Swart o Kobus Wiese, que conmovieron a la concurrencia con su primera interpretación a dúo del Nkosi Sikekel' iAfrika, o los avatares de Chester Williams hasta que fue aceptado por sus compañeros de selección, o las indisciplinas del anglosajón James Small, motivadas a veces por el rechazo de los altivos afrikaaners, sólo pueden haber hecho de la historia una película digna de ser vista.


Mentiras y Presupuestos


Hay muchas razones para pensar que el partido que sustenta al Gobierno es la organización más dañina y perjudicial para el futuro de esta claudicante comunidad política desde que Carlos IV y Fernando VII arruinaran la Monarquía para las cinco o seis siguientes generaciones. Por el mismo camino vamos. Y me refiero sólo al parido que tiene la mayoría en sentido técnico, ya que es el juego de esos votos en el Parlamento el que permite el estado de cosas que nos abruma, pues de facto la separación de poderes no existe y por tanto es impensable que los estómagos agradecidos que pueblan los escaños del PSOE dejaran caer a la patulea de insensatos de que el Inane Malvado se ha rodeado. Tanto me da decir lo mismo de las filas de la oposición, pero como su responsabilidad en esta tesitura no es la de gobierno, no le haré ahora. Por extensión la responsabilidad salpica a quienes por interés particular, limitado e inmediato, apoyan a ese desdichado gabinete.

Viene al caso el amargo comentario por el debate presupuestario en ciernes. No voy a descubrir la importancia de los Presupuestos Generales del Estado, que son el reflejo anual del régimen económico y financiero, de contabilidad, de intervención y de control del sector público estatal. El artículo 33 de la Ley General Presupuestaria es ilustrativo sobre su contenido. Si el proyecto de cuentas públicas es una falsedad monumental desde su entrada en el Parlamento, como deliberadamente sucedió con las del ejercicio pasado, en pleno ataque negacionista de los falaces voceros del socialismo gobernante, y en boca de quien ha dado la espantada por respuesta a los subsiguientes dislates de su incompetente jefe, y como resulta evidente de las que ahora entran en sede parlamentaria, no cabe esperar más que chocarreras maniobras para ir apagando fuegos puntuales que avivarán el frente principal.

Así que mientras unos esperan todo del maná tramposo de un gobierno que nos lleva a un endeudamiento crónico para varias generaciones (los que no votan no tienen cabida en los planes de estos menguados), otros gastan lo que no tienen empeñados en creer en el panorama menos malo que les presentan, cerrando los ojos a la inevitable pobreza por venir y apurando los amargos posos del festival que se acabó. Mientras los indicadores de nuestra maltrecha economía apuntan a una década tristísima, la receta será, está siendo, populismo. Como la Unión Europea es un ente informe y maleable, por oportunidad política tolera estos desmanes, que le toca a este reino presidir el próximo semestre (van a recordar como bueno al checo Klaus), pero no sé si por mucho tiempo querrán tener un Estado peronista enquistado en su seno. Es contagioso.



martes, octubre 27, 2009

Rugby Añejo hispánico

Jeff Probyn y John Rendall en el Central de Madrid, en 1994

Fue un mes de mayo lluvioso. Lo cual prometía una ventaja más para los visitantes. Y no eran precisamente unos indocumentados, así que había que apretar los dientes y conjurarse, por más que por aquel entonces (eran los tiempos del rugby amateur, aunque en algunas latitudes ya se hablara de shamateurs) el Central estuvieran más habituado a visitas de entorchado anglosajón. Pero es que los visitantes penaban culpas de tres años antes. Una penitencia justa que pasaba por Lisboa y Madrid. Y todo por haberse dejado despachar por unos feroces samoanos y en su santuario. Claro es, se trataba del País de Gales, esa pequeña nación de cánticos y de verdes valles en el Sur y ventosas colinas en el Norte, de lanudas ovejas y de mineros. O eso dice el tópico, porque las minas cerraron, las ovejas emigraron a Nueva Zelanda, y de lo único que tenemos constancia que sobreviva son los cánticos y el rugby, que no es sino la otra manera de decir "Gales". Volvamos, sin embargo, a nuestra jornada. Decía que penaban los galeses por la Península Ibérica y que un miércoles 17 de mayo habían laminado a nuestros vecinos lusitanos por 11 a 102, así que la ilusión de recibir al Dragón se veía ensombrecida por el papelón que esperaba al cauto León, porque ya se sabe que los ibéricos han mantenido casi siempre un nivel similar, con lapsos de ventaja alternativos a uno y otro lado del Guadiana. Así que, tras el paseo lisboeta y en día más adecuado para el noble juego que nos ocupa, eran esperadas alborozadas y pletóricas multitudes en las gradas del Central. Como así resultó aquel 21 de mayo de 1994, en que contra viento y lluvia, unas decenas de miles de aficionados de toda España y parte del extranjero (a fe mía, que ese día conocí a John Paul Rendall y a Jeff Probyn, preclaros e insignes primeras líneas de Inglaterra con hoja de servicios impoluta) se dieron cita en la Ciudad Universitaria de Madrid.

La prensa especializada de las Islas Británicas había venido siguiendo los prolegómenos del partido entre divertida e interesada, pues era la primera vez en la joven historia de las Copas del Mundo en que uno de los grandes pasaba por el calvario de las fases previas. En cualquier caso lo venían juzgando como preparación para las giras del verano y semiasueto después del V Naciones y se prometían alineaciones innovadoras y prueba de jugadores, aunque los arquitectos "Chupao" Gutiérrez, "Gero" Hernández-Gil, el liceísta Jorge Gutiérrez, el entonces segundo de la selección, Santiago Santos, y el bien conocido Bryce Bevin, entonces seleccionador de España, advirtieran que no, que aquello iba en serio. Así lo recogía la edición del Rugby World de mayo de ese año, con fotos del Central, al que calificaba de "digno de un Segunda División inglés", y confusión genial al pie de una foto en la que junto a Santos figuraban el más alto dirigente federativo, homónimo del también bigotudo pero feliz y funcionarial habitante de Ferraz que anida en aquella Casa desde la Restauración canovista y que sólo se sirve a sí mismo, a quien tomaban por Presidente de nuestra bienamada FER.

Y tenían razón los españoles, porque los galeses habían exhibido su artillería pesada en Lisboa, y en Madrid no iba a ser menos, que el equipo de 1994 era mucho mejor que el que fracasó en 1991, de modo que jugaron con Andy Clement como zaguero, Ieuan Evans (capitán) y Nigel Walker como alas; Mark Hall y Nigel Davies como centros; Neill Jenkins y Rupert Moon como medios; Rickie Evans, Garin Jenkins y John Davies en la primera línea; Peter Arnold y Gareth Llewellyn en la segunda línea; Emir Lewis, Scott Quinnell y Mark Perego en la tercera línea, además de Anthony Copsey que sustituyó a Lewis en el minuto 40): exactamente el equipo del V Naciones de ese ejercicio. El resultado ya lo sabíamos todos, sólo se trataba de saber por cuánto, de unir a la fiesta de contemplar a los epígonos del Gales de la Edad de Oro, el prurito de la especialidad hispánica: la resistencia numantina. El resultado es lo de menos, ya lo verán en el vídeo adjunto o buscando en la red, lo notable es que los españoles dieron la talla: José Miguel Villau y Saul Espina, del Universitario de Sevilla; Fernando de la Calle y el malogrado José Ángel Hermosilla, "queseros"; los gechotarras Jonadad Díez, Jon Azkargorta, Unai Aurrekoetxea, Oscar Solano y Jon Etxeverría; Pablo Martín, Javier López Martín, Alejandro Miño y Javier Torres Morote, del Monte Ciencias; Francisco Puertas, entonces en el Aviron Bayonnaise, Alberto Malo de Santboi, el que fue amablemente invitado a volver al vestuario a ajustar sus tacos según cuenta la leyenda y todos vimos y no volvió al campo hasta el minuto cinco de juego; Javilón Aguiar, del Liceo Francés, Alvar Enciso y "Pirulo" Álvarez, "chamizos", "Chupao" Gutiérrez y "Gero" Hernández-Gil, de la Escuela y el bilbaíno Ignacio de Lázaro. Todos ellos a las órdenes del neozelandés Bevyn, quien pleno de confianza fue visto la noche anterior en un animado expendedor de zumos de cebada conocido en la capital del Reino como "The Quiet Man" (en la calle Valverde para ser exactos), y Santiago Santos, el que fuera talonador del XV español. Y fue toda una sorpresa, porque un equipo parecido había recibido una soberana tunda en febrero de ese año en Elche, frente a Emerging England. Así que aunque encajamos tres ensayos del mago Ieuan Evans, uno de Scott Quinnell, uno de Garin Jenkins y otro de Nigel Walker, junto con cinco transformaciones de Jenkins y tres golpes del mismo apertura, hubo partido. La misma revista inglesa precisaba en su número de julio: "Los españoles nos plantaron cara con inusitada dureza, y se mantuvieron así durante gran parte del partido, así que los puntos que obtuvimos nos alegraron enormemente", en palabras de su entrenador Alan Davies. O como dijo JPR Williams, a quien también conocí ese día, permítanme que lo diga, "...'twas a real rugby match" lo que no es poco en boca de tal personaje, y créanme que no fue cortesía británica.

(El texto de esta crónica se escribió a solicitud de nuestro buen amigo REXMAN, en cuyos dominios -Con H de Blog- podrán ver en tres entradas diferentes, de 15 de octubre, de 19 de octubre y de 27 de octubre el partido completo. Eran otros tiempos, antes de que el por llegar profesionalismo acabara de hacer insalvable el muro entre unos y otros. )